Llego de la calle fría y vuelco mis temblores en un cigarrillo que quema con mera tranquilidad; el fuego anaranjado que deja rastros blancos, grises sus pétalos y en el núcleo, medio de esos pétalos grises, nace el pico negro. Blanco su cuerpo, naranja su placer. La bocanada que respira el aire; la bocanada que disuelve mis vías respiratorias y le ofrece un funeral en medio de mi pechos. Tumba ahuecada; tremendo rasgo de deterioro que resurge de mi aspiración. Espero y espero. El reloj es mi enigmático enemigo.
Ruego no enloquecer deseando la bienvenida más cortés de tus ojos felices, plagados de vicioso contagio. El sol de mi cielo alumbra la cálida sonrisa de tu rostro íntegro, inmaculado, rápidamente capaz de enamorar, de revertir tristezas a alegrías, de sentir una solemne gratitud al creador de semejante mujer; Dios de mis abrazos y besos. El tiempo transcurre y se hace cada vez más grande este sentimiento. Rara voz que pasa de murmullos a gritos y retumba desde lo más frágil de mi pecho, de mi alma, de mi corazón. Un minuto más y estalla. Esa sensación infinitamente ágil y grácil aunque también se siente inmunda y generalmente vulnerable, marca el compás de mis días, de mis ratos, de mi ocio.
Retrocedo en mis pasos para caer en tus manos suaves, tersas e incomprensiblemente tentadoras para recostarse y soñar con las fantasías más complejas y singulares. Mi cabello y mi velluda ceja se desvanecen en el tacto de tu palma, acariciando, navegando por el mar de mi cabello color castaño oscuro. Me levanto y tus uñas se tornan frágiles y mordidas por tus blancos dientes, filosos, fuertes y rectangulares.
Mi cara sonríe. Tu espalda, espléndida en su creación, torna mi mente al pasado; tu nuca a nostalgias; tu voz a melancolías. No me des la cara, quiero contemplar la belleza de tus piernas. Firmes y desarrolladas. Aún no, sigo hipnotizado. Qué pedazo de redonda demostración. Tu rodete bien atado me deja ver tu nuca, que como te he dicho, me trae ese gustito de nostalgia. Desbaratas mi contemplación, me diste la cara. Pero ahora es mejor. Vestida se te ve bien, pero desnuda era mejor. Como naciste, como saliste del fruto del amor de tus padres, así tendrías que estar frente a mi , sólo frente a mí. Tu confianza es lo que nos compete y es la realidad por la cual te miro con otros ojos. Mis ojos llenos de admiración, de amor, de contemplación que solo se produce cuando hablas, moves, caminas, me amas. Amar.
Floreces tan hermosa y tan vibrante. Vibra religiosa. Sos mi religión, mi Dios, la dueña de mis ratos libres. Psicóloga de los oficios problemáticos que ejerce la parte oscura de mi mente, alumbras con esa luz que te caracteriza lo más oscuro que existe. Existir es estar y me gustaría existir en tu corazón, mente, alma e integridad. Mis oídos frecuentemente oyen tus miedos, tus presiones, tus preocupaciones, tu enfermedad, tu rota razón y quiebran absolutamente toda pero toda mi estabilidad. Temblor, miedo; oscuro sosiego que renace de las heridas. Te miro, frío y roto. Roto por saber que algo te preocupa, te molesta; frío por la única razón de saber de mi impotencia. Impotencia que se formó en aquél momento en que dijiste de tu preocupación. La cura no la tengo y mis miedos siguen fluyendo. Tu sonrisa, tan bien ilustrada y disimulada recrea aquellos tiempos en los cuales tu tranquilidad era pasiva y al mismo tiempo activa. Tu corazón late sólo porque está el mío. Tu brillante existencia solo brilla por mis besos y acaricias. Es cierto, me lo has dicho. Metafóricamente es verdad, pero física... uno vaya a saber. Te creo y como dije, la confianza es lo que nos compete. Te amo y es mucho más. Me amas incondicionalmente y es la verdad. Concebiste mi amor en tu corazón y es la plena verdad. Me amas y es la verdad. Me amas y es la verdad. Repito porque quiero repetirlo. Sanateo porque sanateo y te amo porque realmente te amo.
Te dormís y tus ojos se cierran. Hermosa verte tranquila, sosiega sin miedos ni aflicciones. Te admiro y de la admiración y amor me duermo tranquilo. Te abrazo y me acomodo. Vuelco mis brazos sobre tu cintura y cierro mis ojos. Sueño y te sigo viendo tan flamante como siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario