domingo, 25 de noviembre de 2012

Nuestro falso patriotismo:

He vagado y divagado por unas cuantas horas y mientras que las ideas fluían en mi cabeza he descartado la hipótesis de que vivimos en un país con ánimos de avance y aprovechamiento de nuestra rica cultura. El lunfardo tanguero que nos pertenece pero que se va erosionando día a día por una fuerza imperceptible. El mate que, en términos regionales, se nos apropia por siglos de generaciones y el gaucho con su poncho que nos dibujó en nuestra memoria la vida cultural de nuestros pasados. Las viejas palabras que nos invitan a viajar sobre el antepasado de un país que cada día se cae a pedazos, es el reflejo de nuestra cotidianidad. Vale aclarar que nuestros errores que hemos escrito y hecho también se unen a nuestras calles, al viento de los árboles, al sol de la mañana, al canto de las aves y hasta en nuestro cielo. Nuestro himno, que nos identifica con el mundo perdió valor. El himno se canta con el corazón y pasión, agradeciendo a la sangre que ha corrido para que nosotros hoy en día, seamos soberanos e independientes. La historia no se recuerda y nada ni nadie presta atención a lo valedero que tiene que sentirse al pronunciar aquellos versos.
Las culturas de otros países no tendrían que ser envidiadas, con tan sólo con ver la nuestra, tendríamos que estar agradecidos de tener tan gratificante y dulce cotidianidad cultural.
Yendo al punto de ésta humilde opinión y sin ir más lejos para no alargar éstas palabras, dedico mi tiempo para aquellos que quieran entender la majestuosa inspiración que atrae nuestro país. No tendríamos que envidiar nada de otros países ni querer tener sus costumbres, ni su habla ni su cultura. He escuchado que nuestro país es lo peor que existe, que tendríamos que seguir como referente a países de primera línea. Está bien, es bueno tener una opinión y expresarse libremente pero ¿cómo podemos avanzar como país y ser como quién dice "de primera línea" si se tiene ese pensamiento? Es absurdo. Mientras que esa resignación siga vigente, viviremos en el vacío. Es así que desbaratamos nuestra patria, nuestras costumbres, nuestro vivir y nuestra cotidianidad. Desbaratamos las luchas que nuestros antepasados se enfrentaron para seamos independientes; desbaratamos la lucha de San Martín contra los realistas, la vida política y militar de Belgrano, la exigencia de una buena educación de Sarmiento, ¿sólo por qué? Porque un par de idiotas promulgan que los países extranjeros como potencias tienen una calidad de vida hermosa. Pero no es así.
No echo la culpa a esos "opinadores". No, para nada. La educación tendría que respaldar a nuestros argentinos para pensar y querer llevar a nuestro país a ser mejor de lo que es ahora. La educación es fundamental y sin ella, vivimos en un pleno ahogo de estúpidas influencias que los medios como cuarto poder nos inyectan en nuestros ideales. La unidad hace la fuerza y nosotros como unidad podríamos ser mejor que cualquiera, pero primero tendríamos que dar el primero paso: amar nuestra patria.

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