Solías cobijarme en tu vientre, me cuidabas en él aguantando todo el dolor que produce eso. Soportaste mis golpes, mis necesidades. Soportaste todos esos meses con amargas cuestiones físicas pero aún así llevabas una espléndida sonrisa en tu rostro totalmente de mujer valiente. Llegué un día y en pleno dolor corporal, pasó por tu cabeza todos los días que viviríamos desde ese día de parto hasta hoy en día y en todos los días que nos quedan. Deseaste cuidarme, deseaste mi felicidad ante cualquier indiferencia, deseaste mi dolor pero no por mala intención sino para el aprendizaje que en días posteriores me servirían; deseaste que mi cuerpo no carezca de nada, ni de hambre ni de amor. Amor. Amor es lo que recibo cada día, desde el primero hasta ahora y nunca pero nunca te reprocharé de eso, porque tu amor es incondicional, infaltable. Presionabas entre diente y diente cuando te mordía el seno de mi alimentación, pero aún así seguías y seguías sin reproches. Solías dormir pocas horas por mi insomnio de llantos y agonías de hambre. Con toda intención, salías de tus sosiegos sueños para seguir con mi atención. Con todo el coraje que te envuelve, guardabas tu dolor físico para cuidarnos a mí a mis dos hermanos. Nunca voy a entender como seguías, pero tu belleza mental puede ser una de las causas. Vos, tan bella como siempre, tu piel tan suave como el primer día que la rocé, que la acaricié con mis pequeñas manos entusiasmadas en poder tocarte, de sentirte fuera de tu vientre.
Llegó el día que no podías cuidarme atentamente. El jardín te privaba de eso. Podía llegar días a casa con mi cara triste, pero tu hermosa sonrisa más el cariño de tus ojos me sacaba de todas esas aflicciones infantiles. Y siempre tuviste una buena mano con las meriendas. Siempre te pedí un café con leche más negro que el común y vos, atenta a mis detalles, me servías de tal gusto. De mis miedos fuiste la luz; de mis insoportables ideales fuiste la cómplice; de mis interminables llantos fuiste mi pañuelo.
Me acobijabas en mis noches de puros miedos y es más, me dejabas esa luz para que espantara todos esos fantasmas que me acechaban. Gracias a vos, no fue difícil mi primaria.Siempre me esperabas para hacer mis tareas que nunca entendí. Estuviste en mis frustraciones, en mis felicidades, en mis secretos. Siempre fuiste igualitaria con todo, pero todo a su tiempo. Estuviste cuando me deprimí por no ser como los demás, alentándome con tus hermosos y sensibles consejos de madre, tan sabios consejos de madre y gracias a eso, seguí adelante gracias a tu dulce voz y mi típica apariencia de niño humilde. Llegaron los días de mi cambio como persona y vos nunca me reprendiste nada. Empezaron mis errores, mis estúpidas decisiones pero nunca te entrometiste porque sabías con tu sabia mente que de eso aprendería. Me regalaste la libre expresión, las libres amistades. Me diste libertades que nunca nadie me hubiera dado si no fuera por vos. Llegaron mis malos actos de niño adolescente pero vos siempre me apoyaste, con retos y reprimendas. Tus condiciones me hicieron como soy; tus enseñanzas me regalaron mi propia personalidad, mi propio pensamiento.
Conozco tus ojos tristes, cariñosos, felices, angustiados, frustrados, brillantes, cálidos, fríos, suaves, ásperos orgulloso, liberales pero nadie los tiene como los tenes vos. Vos tan hermosa, tan fresca, tan simple, tan valiente, con tanto coraje para enfrentar a todas las dificultades, a las piedras, a los obstáculos que tuviste en la vida y aún así seguís con la frente arriba y eso es lo que voy admirar siempre de vos. Me alzaste, me amaste, me quisiste, te dio miedo algunas decisiones mías pero seguiste confiando en mí. Me apoyaste en todo, y te lo agradezco con la vida y la muerte. Sobreviví a tu dolor. Te he visto llorar y eso debe ser una de las cosas que me quiebran por completo. Me estremezco al verte derramar lágrimas y eso te lo puedo jurar. Es un cuchillo que se me clava por la espalda y atraviesa mi frágil corazón, susceptible al verte sufrir. Aquellas estúpidas personas que no valoran tu persona, tu cálida alma que lo único que proporciona es amor. Tu amor es único y nunca te lo olvides... te lo menciona tu hijo. Temiste por mí, temo por vos. Te amo con todo mi corazón, con el alma, con toda mi integridad. Si no hubiera sido por vos, ¿dónde estaría?.
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