jueves, 26 de julio de 2012

Sobre la vista de la vergüenza, capítulo I

-Te tenes que ir. No hay tiempo.
-Las pelotas me voy a ir, quiero que venga Roberto y si me dice que me vaya me voy. No voy a cumplir órdenes de un boludo como vos.
-Sos necio eh. Dale, movete. Agarra tus cosas y mové el culo de acá Francisco.
-¿No escuchas hijo de puta? Te dije que no voy a recibir órdenes tuyas. Sos un boludo Fernando. Rajá de acá.
-Ya vas a ver pedazo de pelotudo.

Eran las once de la noche y Francisco esperaba la orden de Roberto para desalojar la oficina. Se había mandado una cagada en un trámite y lo único que esperaba es que lo despidiera. Aún miraba la ventana preocupado y nervioso esperándolo. Eran medianoche y el hombre seguía con la cabeza baja caminado de rincón a rincón dentro de su oficina. Agobiaba el momento en el cual Fernando se impuso a darle órdenes siendo un rango inferior, aunque sabía que si Roberto lo echaba, Fernando sería el nuevo sargento del cuartel. Guardó el arma, su insignia y despachó una estrella simbólica del cuartel en su escritorio. Se sentó a esperar. A la llegada de las dos de la madrugada, volvió a sentarse y se echó a dormir.

-Panchito, despertate.
-¿Qué carajo?¿Qué hora es?
-Las ocho de la mañana. ¿Te quedaste toda la noche acá?
-No, dormí en mi casa y como no era cómoda mi cama decidí dormir en el escritorio macizo, frío y duro. Sí boludo.
-No seas irónico. Te está esperando Roberto en su oficina.
-Gracias Ramiro.

El sargento Francisco Arrenaga se levantó lentamente. Quería vivir sus últimos momentos sentado en esa silla que había estado con el por unos largos veinte años. Se enderezó y se estremeció con el frío que lo envolvió. La ventana estaba abierta. Francisco esperó unos minutos parado sosteniéndose sobre el escritorio y luego la cerró con desgano. El oficial Ramiro Cartagena se había ido a seguir con sus labores. Tomó la insignia y el arma nuevamente del segundo cajón y después de un largo silencio se guardó la estrella en su bolsillo. Apagó la luz de la oficina y continuó con un portazo. Caminó por los pasillos del cuartel hasta llegar a la puerta de la oficina del Jefe de Policía. Tocó la puerta. Sintió un grito y la abrió lentamente

-Buenos días señor.
-Que haces Pancho, todavía Fernando me rompe las pelotas con eso de despedirte.
-Es porque quiere mi puesto. Además nunca nos llevamos bien con el oficial. Siempre tuvimos nuestras peleas y sigue resentido por que usted me halla dado a mi el puesto de sargento y no a él.
-Mas bien, si es un pelotudo. Dudo en que sea un buen oficial Fernando. Francisco no voy a despedirte.
-¿Ah... no?
-No. Sé que sos un terrible boludo por haber dejado escapar a Ramón, pero es la única vez que te mandaste una macana como esta.
-Eran tres tipos y el oficial que me mandaste era un inservible.
-No subestimes al oficial Merenlao. Es un estudiante con todas las letras. Pensé que iba a ser fácil para vos agarrar a un tipo como Ramón. Ahora anda a saber donde está.
-No es fácil, por eso el tipo está prófugo hace un año.
-¿Qué carajo estas insinuando?
-No insinúo nada, solo digo que no es fácil.
-Para un tipo como vos que ha resuelto casos muchísimos mas difíciles, es muy fácil agarrar a un narcotraficante.
-No lo crea. Es muy vivo el desgraciado ese.
-Pero por favor Francisco, vos y yo sabemos que tipos como esos terminan cayendo en cana.
-Va a ser difícil meterlo detrás de los barrotes.
-Y seguís con el tema de la dificultad. No importa eso ahora, ya lo vamos a agarrar pero te llamé para una boludes. No voy a despedirte así que decile a Fernando que se va a quedar en su puesto.

Después de varios minutos en la oficina de Roberto, Francisco salió muchísimo mas aliviado. Volvió a ponerse la insignia, guardo el arma en su equipaje e inauguró nuevamente su oficina. Fernando lo miró con una mirada desafiante y de envidia al pasar por su oficina.

-Vaya, muévase oficial- entonando mucho mas el "oficial" se dirigió Francisco a Fernando.
-Ya vas a ver.
-Deja de amenazar y anda a patrullar bobalicón.

Fernando se enrojeció de la furia, sacó su arma y le apuntó a Francisco. El sargento se levantó rápidamente y desenvolvió su arma, la levantó y le apuntó. Los dos se apuntaban furiosos y dubitativos.

-Vas a comer plomo hijo de puta- habló Fernando con la boca semi-abierta.
-Pedazo de pelotudo, sea como sea ya perdiste el trabajo. Estas apuntando a un superior, eso ya es el despido y si me matas vas a seguir viniendo acá pero atrás de los barrotes.

Durante un silencio, se escucha un arma caer.

miércoles, 25 de julio de 2012

El legado que Juan nos dejó

Busco respuestas. No la encuentro en ninguna parte y tienen que saber que ya las he buscado por todos lados. Se han escapado mi mirada y la sonrisa, saltando de la mano alegremente. Quedé sin nada. Ni el calor en la cama, ni los besos al mediodía. Ni historias, ni anécdotas que contar ni mencionar en algún bar. Ni el corazón, solo me mantuve vivo todos estos últimos años por la respiración seca y estupefacta. Imagínense que ni la soledad habitaba por mis calles. Ni emociones, ni nostalgias, ni recuerdos, ni melancolías, ni tristezas ni una puta alegría. Qué lo parió che.
Camino y no siento mis pies, ni aunque sea mi talón... mucho menos mi planta. Muevo mi cabeza y no siento mi cabello. Hablo, grito, susurro, canto... pero no siento mi voz ni las cuerdas vocales que retumban mi garganta. Beso y no siento ni mis labios y ni los ajenos. Tampoco amores, ni odio ni falsedades, y aunque no necesito a nadie, al mismo tiempo quiero a todos ellos que alguna vez me hicieron sentir una persona. Ni la sinceridad ni las peores agonías recorren mi corazón y mucho menos en los pensamientos que elabora mi cabeza. Puta madre che.
Antes comía y sentía un placer, un gozo, una sensación abstracta y hasta me puedo arriesgar a decir que sentía un orgasmo prematuro. Ahora todo tiene sabor a nada. Me acuerdo de las noches con Laura. Hacíamos el amor cálidamente y no había nada que se nos interponga en esas noches de puro amor. Me sentía en los cielos tanto ella como yo. Ahora no siento lo de antes. Ni el calor ni el amor... y miren que hay que ser estúpido para ser insensible en esas ocasiones tan ilimitadas. No se atrevan a decir que siento el "te amo" y el "te quiero mucho", porque ni eso puedo creerla a la gente. Es mucha desconfianza. Lo único que siento es que no siento nada. No sé para que me escribo o les escribo porque realmente ya no siento placer en dedicarme palabras o dedicarles mis sentimientos o insensibilidades. Escuché en una canción una frase que me siento identificado. "Soy un vivo que hace tiempo se murió". Es una frase que me toca mi gris corazón. No recibo nada ni necesito nada. Tampoco me siento necesario en esta vida. No me necesito en existencia.

martes, 24 de julio de 2012

No escuches a terceros en la felicidad
No incluyas a la frialdad en el calor
ni pidas respuestas a la verdad
porque el corazón tiene lugar para un solo amor

No mires al cielo para conseguir respuestas
no sientas tristezas ni agonías
y aun que el dolor te gane la apuesta
no dejes de sonreír, porque es mi mayor alegría

No me mires desinteresadamente
sabes que mi amor sigue estando con vos
No quiero que te olvides de mi rotundamente
que hasta dios sabe que no se rompió lo de nosotros dos


No quiero que te vayas
pero no quiero hacerte sufrir
y aunque no tenga agallas
sé que me tengo que ir


Ah, qué ciego es el amor
qué solemne es tu voz
qué sordo es el corazón
que hermoso... fue el tiempo con vos

lunes, 23 de julio de 2012

Querido Dios

Ya no sé lo que le pasa. No sé que siente, ni lo que ve ni lo que quiere tocar ni tampoco sé porque pocas veces se ríe solo mirando las gotas que navegan sobre la ventana de su habitación. Se sienta encorvado mirando de vez en cuando para abajo, tomándose las manos y los hombros a la altura de la pera. Su cabello dejó de ser suave y esponjoso. Ahora es más bien pajoso y reseco. No creo que duerma. Cada vez que paso por su habitación lo veo de la misma manera.
Cuando le doy el beso de las buenas noches no me mire, sigue fijo en la ventana ya oscura por la noche. Espero hasta madrugada para ver si se duerme. El niño solo apaga los ojos, pero sigue en la misma forma, en la silla. Una vez lo vi dando vueltas en círculos, como si jugara a "la mancha" con amigos imaginarios, invisibles. También lo vi sentado como indio y jugar a las palmas solo.
Muchas veces le digo te quiero y da vuelta la cabeza. Solo una mueca de desinteresado veo en sus ojitos.
No come, ya lo veo bastante flacucho y aunque le deje un guiso casero, se lo comen las moscas. Ya no sé que hacer. Lo veo tan solo. Quiero abrazarlo pero es como tocar a una estatua, sentado en su pedestal. Aun que sienta frío en invierno, no se tapa con frazadas ni con camperas. Solo se cambia la ropa cuando en su mundo hace calor o frío. No le interesa el exterior. Su cueva es su cuarto y su amor la silla. Su mundo es tan fantasioso. Grita de vez en cuando el nombre de "Alejo" y lo continúa con un "No te vayas, sigamos jugando". Le pregunto que le pasa y me responde triste con un "Alejo se tiene que ir a su casa".
Siento que te odio querido. No sé que te hizo para que le pagues con esa moneda. ¿Por qué le das el sufrimiento de no conocerse a un niño tan pequeño como mi hijo? Estoy muy confundido. Nunca te hizo mal y vos le pagas con el autismo.

domingo, 22 de julio de 2012

¿Gol o desahogo?

No hay nada mas placentero que gritar un gol. Un desahogo taimado, que no exenta al corazón. Ese momento donde se necesita agarrar algo con todas las fuerzas y revolearlo dando un sentido de alegría. Mirar para arriba con los ojos cerrados, apretando los párpados, cerrar los puños estirando los brazos y sentir que las cuerdas vocales acarician suavemente el corazón. Hay muchos que miran a los fanáticos con desprecio y vergüenza ajena. Es por que no saben como se siente. Necesitar de abrazar a alguien, que la alegría navegue por los brazos del prójimo, que las lágrimas se arrastren por los hombros, que las manos agarren fuertemente la espalda del compañero. Esa sensación de amor, calor, emoción y desahogo, no se compara con nada. Se acopla con al amor de una mujer, al calor del abrazo de una madre, el beso de un padre en la mejilla, a las miradas que enamoran, a la nostalgia, a la alegría, al dolor, al deseo y a la melancolía. Melancolía que uno siente cuando estuvo todo el partido esperando el momento mas hermoso donde el sonido de la red abraza a los oídos mas sordos.
Existe el sufrimiento. Un sufrimiento como un penal. No hay nada mas doloroso, sangriento y desalmado como un penal. Ese tiempo que se para cuando el corazón de cada uno de nosotros late lo mas fuerte que puede. Cuando las manos sudan y esa agua que se convierte en millones de navajas que acuchillan todo el cuerpo. Esa famosa "piel de gallina" que deja inmóvil a todo. A las muecas tristes, nerviosas que no disimulan el miedo. En el momento del tiro el corazón sube hasta la garganta impidiendo respirar. Los ojos sobresaltan sus huecos. La vista dispara una vertiginosa sensación de desesperanza. El destino elige dos opciones, el nudo o la alegría. El nudo te asesina y es cuando la pelota rechaza tocar la red. La alegría genera hermosa sensaciones y es como ya dije, cuando la pelota salta estupefacta la línea.
La jerga de este deporte son las puteadas. "Andá a la concha de tu hermana pelotudo", "Hijo de puta", "te pagaron hijo de re mil puta, anda a la concha de tu hermana", "Te vamos a matar", "A estos putos les tenemos que ganar". No existe otra forma de representar lo que uno siente. Se hace a través de la puteada. La puteada demuestra enojo o alegría. No hay neutrales. Ratifica a raíz del panorama.
Una de las cosas mas hermosas del fútbol, es el gol. Mas adelante, reconoceré el amor a la camiseta y el fanatismo por los clubes.

sábado, 21 de julio de 2012

¡Qué pedazo de felicidad tan ambigua!


Diría que es totalmente absurdo cambiar algo cuando nunca cambió. Puede que el destino me haya befado absolutamente, o el que el camino se cierra cuando estoy cerca del final y se abre cuando estoy muy lejos. Secretamente un dios me susurra desconfianzas y cosas que te encierran en mi cabeza. La vida, la vida misma continua avanzando mientras que yo sigo sentado en el banquito del pasado. Tal vez me da manos... invisibles porque nunca las he visto. Desde hace tiempo que no dibujo mi futuro. Antes mi camino era dibujado con total concentración, eligiendo el trazo y la finalidad que yo deseaba. Un tiempo después el lápiz se quedó con muy poca punta y ahora dibujo garabatos acorde al latido del corazón. “Uno nunca termina de conocerse a si mismo”. Qué frase. Una de las frases que hoy en día me siento identificado.
Muchas veces catalogué o catalogo al amor como una necesidad vital. De vez en cuando. Muchas veces pienso que es una trampa. Una red que te ata y no te suelta, y cuando estas bien lastimado te libera. Obviamente deja heridas. Al odio lo catalogo como neutral. No se si es malo o bueno, aunque es mas tirando para lo malo. Creo que te salva en algunos aspectos, obviamente el odio prematuro, el odio resentido es de ineptos. ¿No se han topado un día con una barrera que pensas y decís “Che, esta no la muevo nunca más de acá”? Por mi parte sí. Hoy en día no puedo mover la barrera. La barrera del camino. Es difícil.
Muchos besan la buena suerte, otros se azotan con la mala leche y otros viven en puro equilibrio. Yo no tengo ninguno de los tres. Yo me siento solo. Que hiriente es la soledad. Aun teniendo a varias personas, me siento solo. Qué frialdad, que deshonesto, que falso, que amargo, que estúpido, que desprolijo. Que rápido se va la felicidad. No hay garantías, no versiones copiadas. Sólo existe la original y les puedo asegurar, con toda fidelidad, que la encontré pero pasó hace tiempo. Podes volar, podes sentir, podes soñar, podes reír, podes llorar, podes perder pero todo se hace una bola y a eso… si, a eso se llama felicidad. Que enrulada que es la felicidad che. Feliz de haberla encontrado en el lugar mas enrulado.

La tragedia de Don Aníbal.

En los movimientos vertiginosos del pensamiento abstracto, de la resignación sentimental, del ocio eterno entre nuestras cabezas, de las actividades lujuriosas pasadas, de los vientos soplados por el mismísimo Dios, ¿dónde se halla la soledad?. Eso pensó Don Aníbal antes de morirse. Anciano, cascarrabia, taimado, bellaco y con muecas incomprensibles se hallaba este hombre en el zaguán de su casa. Vivía en el campo mas lejano de su ciudad, Don Aníbal. Nunca se acercó ni para comprar una migaja de pan a la ciudad. Odiaba las torres, los consumidores compulsivos, la gente soberbia que no tiraba ni una moneda a los vagos tuertos, empobrecidos y sucios. Amaba los pastos moviéndose por el soplido sosiego, por las brisas calientes que llegaban desde el Norte. Contemplaba el sol al levantarse por la mañana, que iluminaba su rostro arrugado y que lo hacía despertar. Adoraba ver a su perra Sonia correr por los campos exaltados, por los trigales del horizonte. Se sentaba en su zaguán, en una silla de mimbre, un pedazo de pastizal en su boca y se echaba a mirar el cielo. Sonia lo acompañaba hasta tal punto de despertarlo con un beso en las yemas decrepitas del anciano, cual pasas de uva.
Como ya dije su odio a la ciudad boicoteaba traer comida y muchísimas cosas mas que el anciano necesitaba. Un vecino, va... un vecino. El hijo de una familia campesina que se encontraba a metros y metros de la casa de Aníbal, hacía los mandados por el viejo. Matías, tomaba su bicicleta y andaba y andaba metros y metros. Al llegar a el zaguán de la casa del viejo, Aníbal lo esperaba con una lista de comida, cosas, elementos de limpieza, etc. Después se tomaba el colectivo en la primera parada que había cerca y tornaba su camino hacia la ciudad. Dejaba la bicicleta en un lugar que nunca nadie supo que existía, por eso es que nunca se la robaron.
-Buen día don, vengo por sus mandados.
-Que haces pibe, aca está. También agarra estas monedas para el colectivo.
-Nunca entendí por qué nunca va usted mi don.
-Por que todos los de la ciudad son unos pelotudos, descerebrados y ciegos.
-¿Ciegos?
-Si, ¿no me escuchas cuando hablo o tenes algo en la oreja?
-Escuché no hace falta su cagada de pedos.
-Entonces deja de preguntarme pelotudeces y comprame lo que te digo. Acá tenes la plata. Tomatelá.
-Váyase a la mierda. En unas horas vengo.

A las horas vuelve el niño y le deja las bolsas en el zaguán. No lo encontró al viejo en su silla de mimbre. Ni Sonia estaba por allí. El chico entró a la casa y tampoco había nadie. Echó un vistazo por las habitaciones, la cocina y el baño y tampoco estaba. Buscó un cuchillo por si había entrado alguien y tenía al anciano. Fue a los campos de atrás y por lo lejos se encontraba Sonia dando vueltas en círculos. Corrió hasta allí y Anibal se encontraba acostado sobre los trigales.
-¡Aníbal, Aníbal! Despiertese don.
Los gritos del niño eran absurdos. Le tocó el pecho y no había latidos. El viejo estaba pálido y con las manos retorcidas. Salió corriendo y en la carretera pasaba un auto. Lo frenó. Le pidió que llamase a una ambulancia y a la hora llegó la emergencia médica. Los médicos le tomaron la pulsación y no había. Don Aníbal había muerto. En su bolsillo se encontró una carta.
"Somos lo que somos. No existe un factor que se nos interponga ni experiencias sanas que conformen influencias en nuestros corazones. Solo una, un amor. Los ojos reflejan lo que el corazón, mudo, no puede decir. Los ojos son mudos, pero son espejos, algunas veces indeseables, que hablan. Lo que resta es el odio. Es corta la vida para el resentimiento continuo y doloroso. Aprendí a respetar las cosas que la vida me ha dado. Poco por cierto. Mi hijo es la idea de vivir. Mi idea es la de progresar. Mi odio es el morir, mi odio  es tropezar"

viernes, 20 de julio de 2012

Poema a la soledad


Las manos se sueltan y no es por hoy
No divago, nunca te mentí
Deberías ver tu sonrisa de ayer
No es la que habita por aquí
Sucio, amargo es mi dios
No hay ilusiones para continuar
Y aun que todo me recuerde a tu voz
Ya no hay intenciones ni para amar
Por contar hay muchas historias
No solo de nosotros dos
En una tristeza sin gloria
No encuentro motivos para enloquecer con vos
Ciegos, sordos hay como yo
Se esconden en su corazón
Y si a veces perdí la razón
Es por no quiero morirme sin tu calor
Los poetas se mueren en frialdad
Se callan y vuelven a mirar
He buscado en toda la ciudad
Alguien que al fin me pueda amar

jueves, 19 de julio de 2012

Tal vez nos veremos, nuevamente.

No hay mas nada que sostener, creo yo. Le dí la espalda a la cadena que me mantuvo por un largo tiempo. Era una raíz que me sostenía contra el suelo. Me liberé cuando decidí escaparme. Prefiero correr solo, andar solo. Tampoco quiero dar lástima, menos que eso. Quiero, por única vez, pensar en mí un poco. Y aunque me costó, me cueste o me costará, es una decisión que debo tomarla. Ya no quiero cansancio mental ni tampoco sentarme en mi cama, agarrarme la cabeza y preguntarme "¿qué me pasa?". Hoy en día me demuestro frágil. Tal vez en un tiempo me demuestre mas sólido y gracias a dios que el tiempo te enseña a vivir sin el dolor. No creo en la cicatrización, creo en la convivencia con la herida. Es bastante subjetivo, pero se vive mejor en los pensamientos subjetivos. La vida subjetiva. No subestimo al realismo, pero me inclino más por lo primero. El realismo se complementa con los subjetivo, así que vivo de ambos modos.
No se si quiero volver con vos, tampoco quiero ser el que persigue a un sentimiento pasado. Por eso quiero alejarme y olvidar todas esas cosas. No es resentimiento, solo me aclaro el panorama. Es preferible cerrar el corazón un poco y dejar volar a ciertas cosas.  Ojalá pueda en unos años acordarme de tu voz, no creo que sea muy difícil, pero quiero contemplar ese momento, por si te encuentras todavía en mí. Ojalá que sí, ojalá que no. No se si quiero. Pero si es que nos vemos, prefiero saludarte con un beso en la mejilla y guardarme las ganas del otro sabor.
Preferentemente decido que seas feliz. No me importa como, ni cuales son tus expectativas para lograrlo, pero si te llego a ver feliz sería de lo mejor. La tristeza se va, ¡la felicidad te espera en algún lugar!. Hasta nunca.

miércoles, 18 de julio de 2012

Hasta luego. Buenos días

Debe ser la última vez que te dedico unas palabras. No se más que decirte, tampoco hay mucho más para hablar. Ni más versos, ni más estrofas que formen un poema. Ni más párrafos, ni inicios ni desenlaces que formen nuestra historia. Lo que pasa es que si te sigo dedicando palabras, letras y muchas mas cosas, se irán
atrofiando con el tiempo. Se erosionan esas palabras. Tampoco quiero seguir revolviendo cosas. Y si es que las hay, prefiero que se empolven y después de un largo tiempo, soplar ese polvo y ver como antes era todo. Prefiero vagar por el recuerdo.
Hay muchas cosas que se pegaron en mí y no las voy a poder sacar nunca. Tampoco las quiero sacar. Se complementan con algo que diariamente le dicen "experiencias". Esas experiencias son como una barrera que no te dejan caer por el mismo error o por el mismo motivo de cual ya has caído. Vos me regalaste una experiencia. Una buena experiencia.
Solo tengo buenos momentos, aunque los malos sean recientes ya me los he olvidado. No creo que tengamos que seguir hablando, pero me aferras a vos con tan solo mirarme. Benedetti decía que si el corazón se aburre de querer... ¿Para que sirve?. Le puedo dar una simple respuesta: el corazón no se aburre de querer, se cansa de ser lastimado.
Estoy hablando como si ya tendría todas las experiencias de vida, pero no es así. Falta muchísimo, pero veo a mis alrededores y también me miro a mi y no termino de entender que es el "amor". Que palabra tan cursi: "amor".
No quiero descarrilarme con el tema. Como decía, estas son mis últimas palabras o unas de ellas. Te agradezco infinitamente lo que me diste: tus enseñas, tus muecas, tus sonrisas, tus lágrimas, tu suavidad, tu mirada. No volveré a ser cursi como en estos tiempos. Al poeta lo matan con frialdad.

domingo, 15 de julio de 2012

¿Y Patricio?

Que lindo era jugar con los chicos en la plaza que se encontraba por nuestro barrio. Fue en 1978. Tal vez Emilio me pasaba a buscar por mi casa y de ahí íbamos a buscar a Tomas, a Martín, a Julián, Germán y por último a Patricio.
Solíamos desde las tres de la tarde hasta las cinco, merendábamos y después volvíamos a nuestro juego, que era el fútbol. La pelota era de Patricio, así que si no estaba "Pato" agarrábamos una botellita de plástico. Pato era el mas compañero de todos. No era el más grande, pero nos hacía reír siempre. Capas no comía en todo el día, se compraba un alfajor y nos compartía aun que el se muriera de hambre. Eso no es ser magnánimo, es ser buena persona. Todos teníamos entre seis y siete años. Solo Tomas, se diferenciaba de nosotros. Era el hermano menor de Julian. Tenía cinco añitos. 
Hoy en día me doy cuenta que los militares, los tanques y los camiones que pasaban por la plaza no eran amigables. Solíamos pensar que estaban para protegernos de los fantasmas y miedos que teníamos todos. Pensábamos que eran "los protectores". El único que no pensaba eso era Pato. El desconfiaba de esos hombres armados con miradas muertas, negras y enceguecidas por el poder. Pero en fin, se acoplaba con nuestro pensamiento de vez en cuando. 
Una tarde nos comimos el miedo de nuestras vidas. Estábamos jugando como solíamos hacer y de pronto se escucha un sonido horripilante acompañado con un grito desgarrador. Julian agarró muy fuerte la mano de Tomas. Pato nos miró desconcertado mientras Emilio, Martín, Germán y yo lo miramos con la misma sensación. "Hay que ir a ver" dijo Martín entusiasmado con la estúpida idea de que "los protectores" hayan matado a un fantasma. Caminó rapidísimo para ver tal espectáculo para él. Pato le agarró del brazo y le gritó que no fuera para ese lado. De tan fusilante que fue el grito, Martín desprendió su brazo de la mano de Pato y se fue solo caminando, derecho para su casa. Germán , atónito, nos saludo atemorizado y se fue también a su casa. No nos dimos cuenta cuando Julian y Tomas se fueron. Emilio nos preguntó si nos podíamos ir pero de repente otro ruido se escuchó. Hoy en día puedo decir que fueron dos tiros. Salimos corriendo. Disparamos cada uno a su hogar. Me acuerdo que yo llegué temblando, se escuchó tan cerca el último. Estaba muy preocupado por Pato... el vivía para el lado donde se escucharon los dos tiros.
A la mañana siguiente nos reunimos directamente en la plaza. Pato vino, el temor se me había ido. Jugamos como cualquier tarde. Al otro día no volvió. Supusimos que era algo de la escuela. Al otro tampoco vino. Pero también como ingenuos supusimos que era por que había llegado tarde la otra vez y la mamá no lo dejaba salir. Pero después de tres días no volvió. Lo pasamos a buscar y nos abrió la madre llorando con una frase que nos desalmó. "No está Pato, se lo llevaron. Está desaparecido". Buscamos en todos lados. De vereda en vereda, de calle en calle. Se fue. No nos juntamos mas con los chicos. Sentíamos que no podíamos seguir más. Al terminar la dictadura, nos juntamos pero nunca más fue lo mismo. Sin Pato, no era nada.

sábado, 14 de julio de 2012

Carta de un hijo a un padre.

¿Cómo la estás pasando? Aquí estamos medianamente bien. José y Juan siguen viendo tu cuadro confusos y con ojos lagrimosos. Mamá casi todos los días hace tu comida favorita para cenar. Antes tenía el sabor a papa, arroz y carne. Ahora tiene los mismos ingredientes pero con una pisca de lágrimas.
Hoy en día en la mesa somos 4, pero ponemos un plato más en la punta donde te sentabas vos después de una larga jornada laboral. Hoy por ti come la silla. Vacía, sin un rastro de tu cara ni de tu sonrisa. Ya no hay nadie más quien me pida la sal. Eras vos el único que me la pedía.
De vez en cuando Juan me pregunta por vos y no se que decirle. Lo único que le puedo decir es que estas en un lugar mejor. A veces cuando se lo digo, siento tu mano en mi hombro aunque me dé vuelta y no estés. También cuando camino por la calle recuerdo cuando de niño me tomabas la mano y cruzábamos vereda en vereda. Mirábamos juntos cada vidriera con cosas que nos ilusionábamos tener. Nos obsesionábamos con simples cosas Era hermoso tenerte cerca y que me digas alguna cosita de más que me haga reír.
Quiero que sepas que me está yendo bien en la escuela. Recuerdo cuando me dijiste que si no aprobaba no me comprabas ese chupetín nuevo que aparecía en todas las propagandas. Y mira quien aprobó... sí yo. Pero no estas para que me compres ese chupetín. Tal vez puedas hacerme ese algodón rosado que vendían en los circos con un poco de nubes y enviármelo hasta aquí. No hace falta que este rico, solo quiero que me des tu último regalo. Añoro el día en que tus manos ya no me tocaron la frente para despertarme y que me acompañes al colegio. Capas estas llevando a algunos angelitos a la escuela. Siempre fuiste un fiel compañero.
¿Puede ser que estuviste en mi habitación ayer? había una luz y después desapareció pero sentí un hermoso calor sobre mi cuello. Juan dice que extrañas vernos dormir en un inmenso sosiego. Solemnemente le creí, pero debe ser una fantasía de niño. José dice que te olvidaste algo y que te lo llevaste. Mamá nos dijo que debe ser por que oliste el olor a guiso casero y quisiste comer un bocado. Por mi parte creo que viniste a estar por ultima vez en nuestra casa... el lugar donde tenes que estar.
Por ultimo quiero decirte que quiero que vuelvas. Por favor te lo digo. Te lo suplico. No es que sea egoísta, sé que estas mejor allí pero no puedo olvidarte papá. Me levanto sabiendo que no podré tocar tu cara, tu cabello. Tocarte la boca mientras sonreís. Darte la mano para que por ultima vez caminemos juntos y poderte decir lo cuanto que te quiero. A veces no recuerdo tu voz y me hace muy mal. Solo recuerdo muy poco, pero tu voz era encantadora, hermosa. No quiero exagerar, pero sos el mejor papá del mundo.
Quería decirte de algún modo todo esto, y como no estás... te envío esta carta. Sé que volverás como una luz a mi habitación y la leerás. Adiós papá.

                                                                   Besos de José, Juan, de Mamá y míos.

jueves, 12 de julio de 2012

Carta desde el pozo.


De vez en cuando me asfixio en una realidad que no tiene fin. Honesta mente me predispongo a escuchar un aire espeso, tenso, muy poco sofisticado y que encuentre sitios para vivir muy cerca de mí. Me acuerdo de cosas, no muy lejanas al presente, a meses de la reconciliación con el amor. Estuve peleado más de un año. Me arriesgué a caerme en un pozo sin fondo, oscuro, frívolo y desquiciado. También me arriesgue a volar para ver desde arriba lo hermoso, alegre, contento que estaba mi corazón al verme feliz. A cuentas de todo, me quedé con un poco de los dos. Del pozo y del alto vuelo. Del pozo ya tengo muchísimos recuerdos, del alto vuelo tan solo tengo unos pocos. El ultimo, visualiza una copia bizarra del amor. Del amor al odio.
No recuerdo muy bien cuando empezó esa especie de sensación dubitativa. Empecé un día a escalar el pozo hasta que llegué a lo ultimo. Fue hace unos meses atrás y fue una de las mejores cosas. Era algo que volvía a mi corriendo y estirando los brazos para darme un abrazo. Pasaron unos meses y ese abrazo cada vez fue con desgano. Recuerdo hermosas sonrisas que mas tarde se volverían en telones. Dientes con brillo que después se fue apagando cuando la boca se cerró. Los labios fueron mis fieles amigos que después se retorcieron y volvieron a ser mis peores enemigos. No los míos, los ajenos. También recuerdo ojos brillosos, húmedos, felices al verme venir. Ahora se entrecierran y las pupilas me ven con nostalgia. Mis ganas seguían saltando mientras que las suyas se sentaron sobre un sillón a esperar que otro corazón las levante. Volví a decirle "te quiero" en vez de "te amo" para poder sentir que la sigo sintiendo de ambos modos. Ya no me miro al espejo desde aquella partida y mi vuelta al pozo, por que mis ojos ya no me quieren ver. Sienten que fui yo el error por no lucharla ya en una batalla perdida. Tampoco me iba a atar en una especie de campo minado que nos amarraban a los dos. Ella sintió que debíamos rendirnos, yo seguí luchando contra la soledad con mi corazón ya erosionado.
Seguimos juntos, ella desde lo mas alto y yo escribiendo este tipo de carta al corazón en lo mas profundo del pozo.