domingo, 15 de julio de 2012

¿Y Patricio?

Que lindo era jugar con los chicos en la plaza que se encontraba por nuestro barrio. Fue en 1978. Tal vez Emilio me pasaba a buscar por mi casa y de ahí íbamos a buscar a Tomas, a Martín, a Julián, Germán y por último a Patricio.
Solíamos desde las tres de la tarde hasta las cinco, merendábamos y después volvíamos a nuestro juego, que era el fútbol. La pelota era de Patricio, así que si no estaba "Pato" agarrábamos una botellita de plástico. Pato era el mas compañero de todos. No era el más grande, pero nos hacía reír siempre. Capas no comía en todo el día, se compraba un alfajor y nos compartía aun que el se muriera de hambre. Eso no es ser magnánimo, es ser buena persona. Todos teníamos entre seis y siete años. Solo Tomas, se diferenciaba de nosotros. Era el hermano menor de Julian. Tenía cinco añitos. 
Hoy en día me doy cuenta que los militares, los tanques y los camiones que pasaban por la plaza no eran amigables. Solíamos pensar que estaban para protegernos de los fantasmas y miedos que teníamos todos. Pensábamos que eran "los protectores". El único que no pensaba eso era Pato. El desconfiaba de esos hombres armados con miradas muertas, negras y enceguecidas por el poder. Pero en fin, se acoplaba con nuestro pensamiento de vez en cuando. 
Una tarde nos comimos el miedo de nuestras vidas. Estábamos jugando como solíamos hacer y de pronto se escucha un sonido horripilante acompañado con un grito desgarrador. Julian agarró muy fuerte la mano de Tomas. Pato nos miró desconcertado mientras Emilio, Martín, Germán y yo lo miramos con la misma sensación. "Hay que ir a ver" dijo Martín entusiasmado con la estúpida idea de que "los protectores" hayan matado a un fantasma. Caminó rapidísimo para ver tal espectáculo para él. Pato le agarró del brazo y le gritó que no fuera para ese lado. De tan fusilante que fue el grito, Martín desprendió su brazo de la mano de Pato y se fue solo caminando, derecho para su casa. Germán , atónito, nos saludo atemorizado y se fue también a su casa. No nos dimos cuenta cuando Julian y Tomas se fueron. Emilio nos preguntó si nos podíamos ir pero de repente otro ruido se escuchó. Hoy en día puedo decir que fueron dos tiros. Salimos corriendo. Disparamos cada uno a su hogar. Me acuerdo que yo llegué temblando, se escuchó tan cerca el último. Estaba muy preocupado por Pato... el vivía para el lado donde se escucharon los dos tiros.
A la mañana siguiente nos reunimos directamente en la plaza. Pato vino, el temor se me había ido. Jugamos como cualquier tarde. Al otro día no volvió. Supusimos que era algo de la escuela. Al otro tampoco vino. Pero también como ingenuos supusimos que era por que había llegado tarde la otra vez y la mamá no lo dejaba salir. Pero después de tres días no volvió. Lo pasamos a buscar y nos abrió la madre llorando con una frase que nos desalmó. "No está Pato, se lo llevaron. Está desaparecido". Buscamos en todos lados. De vereda en vereda, de calle en calle. Se fue. No nos juntamos mas con los chicos. Sentíamos que no podíamos seguir más. Al terminar la dictadura, nos juntamos pero nunca más fue lo mismo. Sin Pato, no era nada.

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