Ya no sé lo que le pasa. No sé que siente, ni lo que ve ni lo que quiere tocar ni tampoco sé porque pocas veces se ríe solo mirando las gotas que navegan sobre la ventana de su habitación. Se sienta encorvado mirando de vez en cuando para abajo, tomándose las manos y los hombros a la altura de la pera. Su cabello dejó de ser suave y esponjoso. Ahora es más bien pajoso y reseco. No creo que duerma. Cada vez que paso por su habitación lo veo de la misma manera.
Cuando le doy el beso de las buenas noches no me mire, sigue fijo en la ventana ya oscura por la noche. Espero hasta madrugada para ver si se duerme. El niño solo apaga los ojos, pero sigue en la misma forma, en la silla. Una vez lo vi dando vueltas en círculos, como si jugara a "la mancha" con amigos imaginarios, invisibles. También lo vi sentado como indio y jugar a las palmas solo.
Muchas veces le digo te quiero y da vuelta la cabeza. Solo una mueca de desinteresado veo en sus ojitos.
No come, ya lo veo bastante flacucho y aunque le deje un guiso casero, se lo comen las moscas. Ya no sé que hacer. Lo veo tan solo. Quiero abrazarlo pero es como tocar a una estatua, sentado en su pedestal. Aun que sienta frío en invierno, no se tapa con frazadas ni con camperas. Solo se cambia la ropa cuando en su mundo hace calor o frío. No le interesa el exterior. Su cueva es su cuarto y su amor la silla. Su mundo es tan fantasioso. Grita de vez en cuando el nombre de "Alejo" y lo continúa con un "No te vayas, sigamos jugando". Le pregunto que le pasa y me responde triste con un "Alejo se tiene que ir a su casa".
Siento que te odio querido. No sé que te hizo para que le pagues con esa moneda. ¿Por qué le das el sufrimiento de no conocerse a un niño tan pequeño como mi hijo? Estoy muy confundido. Nunca te hizo mal y vos le pagas con el autismo.
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