sábado, 1 de diciembre de 2012

Mi muerte en vida

He tenido la certeza de que la muerte no me es indiferente. Siempre he sabido que los susurros que oigo son de ella y no siento que me sean malos. He claudicado ante la muerte o hacia el pensamiento de morir vivo. Sé que no suena coherente pero no hay otra explicación lógica. Hace tiempo que la siento tocándome los hombros; sigilosos sonidos que despiertan mi pudor. Sé que está cerca y no hay modos para restringirla. No hay clemencia hacia la muerte, ni palabras para reparar estos sentimientos. Allí en el horizonte de mi vida se halla una mancha negra y la luna se vuelve grisácea. Mi Dios soporta mis plegarias y me ha a ayudado en más de una oportunidad. Pido con mis sinceras palabras y llantos que éste Dios sea recordado como un amigo y no como un fantasma bondadoso, porque es la sombra que me ha levantado y que me ha socorrido en mis fuertes caídas, siendo el pañuelo de mis lágrimas y dientes para mi sonrisa. Nazco al verlo y muero en sus ausencias. Es la fuerza de mi optimismo, y los golpes hacia el pesimismo. Quiero que éstas palabras sean el prólogo o prefacio para una nueva etapa y testamento a los que me han visto vivir feliz y con la frente en alto. A los que surgieron desde la luz y a los que surgieron de la oscuridad. Mi eternidad los abrazará y cuidará de ustedes por haberme salvado del vacío. Éste Dios que me ha negado tantas veces la muerte y me ha arengado la vida como flor de mis pesadillas, necesito que una oportunidad más fluya por mis días y que canalices todas mis alegrías.

Niegame la muerte
para que mi sol brille en mis días
Brindame la suerte
para poder seguir con vida

domingo, 25 de noviembre de 2012

Nuestro falso patriotismo:

He vagado y divagado por unas cuantas horas y mientras que las ideas fluían en mi cabeza he descartado la hipótesis de que vivimos en un país con ánimos de avance y aprovechamiento de nuestra rica cultura. El lunfardo tanguero que nos pertenece pero que se va erosionando día a día por una fuerza imperceptible. El mate que, en términos regionales, se nos apropia por siglos de generaciones y el gaucho con su poncho que nos dibujó en nuestra memoria la vida cultural de nuestros pasados. Las viejas palabras que nos invitan a viajar sobre el antepasado de un país que cada día se cae a pedazos, es el reflejo de nuestra cotidianidad. Vale aclarar que nuestros errores que hemos escrito y hecho también se unen a nuestras calles, al viento de los árboles, al sol de la mañana, al canto de las aves y hasta en nuestro cielo. Nuestro himno, que nos identifica con el mundo perdió valor. El himno se canta con el corazón y pasión, agradeciendo a la sangre que ha corrido para que nosotros hoy en día, seamos soberanos e independientes. La historia no se recuerda y nada ni nadie presta atención a lo valedero que tiene que sentirse al pronunciar aquellos versos.
Las culturas de otros países no tendrían que ser envidiadas, con tan sólo con ver la nuestra, tendríamos que estar agradecidos de tener tan gratificante y dulce cotidianidad cultural.
Yendo al punto de ésta humilde opinión y sin ir más lejos para no alargar éstas palabras, dedico mi tiempo para aquellos que quieran entender la majestuosa inspiración que atrae nuestro país. No tendríamos que envidiar nada de otros países ni querer tener sus costumbres, ni su habla ni su cultura. He escuchado que nuestro país es lo peor que existe, que tendríamos que seguir como referente a países de primera línea. Está bien, es bueno tener una opinión y expresarse libremente pero ¿cómo podemos avanzar como país y ser como quién dice "de primera línea" si se tiene ese pensamiento? Es absurdo. Mientras que esa resignación siga vigente, viviremos en el vacío. Es así que desbaratamos nuestra patria, nuestras costumbres, nuestro vivir y nuestra cotidianidad. Desbaratamos las luchas que nuestros antepasados se enfrentaron para seamos independientes; desbaratamos la lucha de San Martín contra los realistas, la vida política y militar de Belgrano, la exigencia de una buena educación de Sarmiento, ¿sólo por qué? Porque un par de idiotas promulgan que los países extranjeros como potencias tienen una calidad de vida hermosa. Pero no es así.
No echo la culpa a esos "opinadores". No, para nada. La educación tendría que respaldar a nuestros argentinos para pensar y querer llevar a nuestro país a ser mejor de lo que es ahora. La educación es fundamental y sin ella, vivimos en un pleno ahogo de estúpidas influencias que los medios como cuarto poder nos inyectan en nuestros ideales. La unidad hace la fuerza y nosotros como unidad podríamos ser mejor que cualquiera, pero primero tendríamos que dar el primero paso: amar nuestra patria.

sábado, 17 de noviembre de 2012

El día que me muera

El día que me muera se festejara en llantos
el duelo será el regocijo y el júbilo la morgue
que mi alarido no sea en vano, que las voces sean los cantos
de esta alma y la fuerza que el destino me otorgue

Que mi voz no se calle en la eternidad
que retumbe en tu corazón, que no se haga esperar
nuestro vínculo y volemos en libertad.
Que nuestros besos sean la flor de la tempestad

Solitario es mi camino
la soledad y la muerte son las paradojas de mi vida
tal vez sea la única luz de mi destino
la paciencia es una virtud, pero sé que no es la única salida




jueves, 15 de noviembre de 2012

El escape de la persona

Ayer a la tarde cuando viajaba por el colectivo leí un poco sobre las filosofías del humano y del racionalismo. Comencé a pensar varias cosas sobre los motivos o incentivos que tiene cada persona o cada escape que tiene uno. Es verdad que todos y sin excluir necesitamos ese romanticismo platónico, esa fuerza irracional, ese motivo espiritual o emblemático que tenemos como referente para poder hacer o pensar determinadas cosas. Desde los principios del hombre ya se necesitaba creer en algo o en alguien. Un ente que lo acompañe, que los supervise, que determine que esta bien y que esta mal. Necesita un impulso, un incentivo o cualquier motivo para descifrar y llegar sobre un racionalismo en común entre el hombre y ese ente. Cuando la filosofía maya promueve que creer es crear, ratifica el pensamiento y la creación de éste. Cuando se cree se crea ese pensamiento.
El hombre, como ya he dicho, necesita un impulso. Los creyentes necesitan a Dios para transitar en la vida. Piden plegarias y fuerzas para alentarlos; para hacer determinadas cosas. "Por favor, necesito que me ayudes para que hoy sea un buen día". Se le pide ayuda a esa forma, a esa magnitud divina para empujarlos y progresar. Al progreso se lo agradecen a Dios y subestiman cada acción que ellos realicen. Su creencia y fe es el impulso y motivo para poder vivir. Las frases de canciones de algunos artistas ayudan a comprender la vida a más de uno. Las personas se centran, pregonan la perspectiva de vida de los artista y la toman para vivir. Es que es así. El humano no podría vivir sin el respaldo emocional o superficial pero también se aleja del racionalismo individual. Cuando Schopenahuer comprueba que el hombre cuando está en grupo pierde la racionalidad no se equivoca en lo más mínimo pero necesita sentirse perteneciente. Eso es lo que pasa con el humano. Necesita ser perteneciente a una fuerza divina sobrenatural o una frase que marque y sirva como luz para su camino.
Una tarde hablando con mi abuelo, me inculcó o cultivó una parte de ésta humilde idea. Hablando del populismo político, el hombre tenía o tiene la idea de que el precursor de sus vidas o su influencia infinita es ese dirigente político. La escritura para los escritores, la pintura para los pintores, el deporte para los deportistas, el arte para los artistas pueden ser también entes físicos impulsores de ésta manifestación fantástica para vivir. Esa ilusión espiritual, esa alusión vital es lo que hoy en día no entiendo como hace para que el hombre pueda seguir con su vida. Los usan como escapes de los problemas, como el sol de sus vidas y eso, eso los hace personas.

sábado, 27 de octubre de 2012

Ocaso

Y llegaron aquellas calientes brisas
el corazón no late como solía latir
los días no son como antes, se burlan a puras risas
el pensamiento empezó a cambiar, y eso me empieza a sucumbir

El día se hizo mas largo, como mi melancolía
las noches son mucho más cortas, como mi sueño
la mujer tan esbelta ya no me mira, como antes solía
besarme, abrazarme y dormirme en sus brazos como un pequeño

El cielo, mucho más temprano se empecina en subir
el horizonte se acuesta con un cielo naranja, celeste y rojo
pero al acostarnos, no creo que haya nada mas bello que dormir
viendo el ocaso de tus ojos

Mis ojos tiemblan, se ahogan en lágrimas indecentes
se te ve mucho más lejana que no es un pormenor
no extraño el pasado pero tampoco visualizo el presente
el presente es ambiguo pero lo vislumbra nuestro calor

La nostalgia precipita los sollozos de mi voz
la paranoia pega, lastima... no me deja pensar
y mi cabeza deja de alentar a mi corazón
y mi cabeza no sigue el rumbo para volver a empezar








sábado, 20 de octubre de 2012

Gracias, mamá.

Solías cobijarme en tu vientre, me cuidabas en él aguantando todo el dolor que produce eso. Soportaste mis golpes, mis necesidades. Soportaste todos esos meses con amargas cuestiones físicas pero aún así llevabas una espléndida sonrisa en tu rostro totalmente de mujer valiente. Llegué un día y en pleno dolor corporal, pasó por tu cabeza todos los días que viviríamos desde ese día de parto hasta hoy en día y en todos los días que nos quedan. Deseaste cuidarme, deseaste mi felicidad ante cualquier indiferencia, deseaste mi dolor pero no por mala intención sino para el aprendizaje que en días posteriores me servirían; deseaste que mi cuerpo no carezca de nada, ni de hambre ni de amor. Amor. Amor es lo que recibo cada día, desde el primero hasta ahora y nunca pero nunca te reprocharé de eso, porque tu amor es incondicional, infaltable. Presionabas entre diente y diente cuando te mordía el seno de mi alimentación, pero aún así seguías y seguías sin reproches. Solías dormir pocas horas por mi insomnio de llantos y agonías de hambre. Con toda intención, salías de tus sosiegos sueños para seguir con mi atención. Con todo el coraje que te envuelve, guardabas tu dolor físico para cuidarnos a mí a mis dos hermanos. Nunca voy a entender como seguías, pero tu belleza mental puede ser una de las causas. Vos, tan bella como siempre, tu piel tan suave como el primer día que la rocé, que la acaricié con mis pequeñas manos entusiasmadas en poder tocarte, de sentirte fuera de tu vientre.
Llegó el día que no podías cuidarme atentamente. El jardín te privaba de eso. Podía llegar días a casa con mi cara triste, pero tu hermosa sonrisa más el cariño de tus ojos me sacaba de todas esas aflicciones infantiles. Y siempre tuviste una buena mano con las meriendas. Siempre te pedí un café con leche más negro que el común y vos, atenta a mis detalles, me servías de tal gusto. De mis miedos fuiste la luz; de mis insoportables ideales fuiste la cómplice; de mis interminables llantos fuiste mi pañuelo.
Me acobijabas en mis noches de puros miedos y es más, me dejabas esa luz para que espantara todos esos fantasmas que me acechaban. Gracias a vos, no fue difícil mi primaria.Siempre me esperabas para hacer mis tareas que nunca entendí. Estuviste en mis frustraciones, en mis felicidades, en mis secretos. Siempre fuiste igualitaria con todo, pero todo a su tiempo. Estuviste cuando me deprimí por no ser como los demás, alentándome con tus hermosos y sensibles consejos de madre, tan sabios consejos de madre y gracias a eso, seguí adelante gracias a tu dulce voz y mi típica apariencia de niño humilde. Llegaron los días de mi cambio como persona y vos nunca me reprendiste nada. Empezaron mis errores, mis estúpidas decisiones pero nunca te entrometiste porque sabías con tu sabia mente que de eso aprendería. Me regalaste la libre expresión, las libres amistades. Me diste libertades que nunca nadie me hubiera dado si no fuera por vos. Llegaron mis malos actos de niño adolescente pero vos siempre me apoyaste, con retos y reprimendas. Tus condiciones me hicieron como soy; tus enseñanzas me regalaron mi propia personalidad, mi propio pensamiento.
Conozco tus ojos tristes, cariñosos, felices, angustiados, frustrados, brillantes, cálidos, fríos, suaves, ásperos orgulloso, liberales pero nadie los tiene como los tenes vos. Vos tan hermosa, tan fresca, tan simple, tan valiente, con tanto coraje para enfrentar a todas las dificultades, a las piedras, a los obstáculos que tuviste en la vida y aún así seguís con la frente arriba y eso es lo que voy admirar siempre de vos. Me alzaste, me amaste, me quisiste, te dio miedo algunas decisiones mías pero seguiste confiando en mí. Me apoyaste en todo, y te lo agradezco con la vida y la muerte. Sobreviví a tu dolor. Te he visto llorar y eso debe ser una de las cosas que me quiebran por completo. Me estremezco al verte derramar lágrimas y eso te lo puedo jurar. Es un cuchillo que se me clava por la espalda y atraviesa mi frágil corazón, susceptible al verte sufrir. Aquellas estúpidas personas que no valoran tu persona, tu cálida alma que lo único que proporciona es amor. Tu amor es único y nunca te lo olvides... te lo menciona tu hijo. Temiste por mí, temo por vos.  Te amo con todo mi corazón, con el alma, con toda mi integridad. Si no hubiera sido por vos, ¿dónde estaría?.

viernes, 19 de octubre de 2012

La nueva moda climática.

Ahora las brisas se hacen mucho mas espesas, mucho más tibias, mucho más estremecedoras. El viento sopla, silba con sosiego y con una mayor duda. En el aire se oyen lindos cantos del sol que ríe feliz al calentar nuevamente luego de los frío y polares vientos invernales; el, ahora, gobierna el viento con una dominación que se explaya por toda mi ciudad. Las plazas se vuelven más cordiales con el pasto mojado de rocío, hermosamente cariñoso que deja silenciosos nuestros pasos. Los árboles, contentos, florecen en todo su esplendor, con sus raíces totalmente verdes. Nuevamente nacen las ermitañas hojas verdes luego de haber cambiado al color marchito marrón, produciendo un nuevo sentido de ver la hermosa naturaleza que yace debajo del sol. Ahora el mar suena, se hace oír con su espuma suave y blanca inmaculada arrastrando las aguas azules semi verdosas. Nuestras escolleras le dan la bienvenida a los cielos rosas y naranjas del ocaso, con un gran festín del horizonte feliz de haberse reencontrado con tremendo espectáculo. Y ahora nacen nuevas sonrisas en los rostros amargos de las personas, los pájaros cantan y no es de menos. La gente brilla y tampoco es de menos; se aleja esos tiempos de fríos burlones calcinadores y renacen, reiteradamente, esos hermosos ojos de felicidad, de alivio, pasional y amoroso que produce el calor veraniego.
Personalmente tiendo a detestar este nuevo aroma. Un aroma de nostalgia, de melancolía y de duda. Estremezco con tan sólo pensar que termina un ciclo más y ya no volverá. También puedo decir que me provoca miedo. Miedo de no poder retroceder más, ¡pensar que tantas sensaciones que me provoca tan sólo un nuevo olor pero particular! Tiendo a caer en las provocaciones de mi destino, del aroma, del futuro que no alcanzo a visualizar que sorpresa me tiene. Una neblina que me despereza y que ocasiona un temor tan frío, tácito y tormentoso.
Nostalgia porque empiezo a recordar cada momento de mi vida, con el único miedo de no ser como antes. Melancolía porque me vuelvo frágil y susceptible ante cualquier acción, ante cualquier duda, ante cualquier lágrima que pretende caer sobre mi tibia mejilla. Y por último, duda. Duda por el destino que me espera hace tiempo. Por esos tiempos en que ciertas imágenes se revuelcan sobre mis ojos poniéndome tembloroso  y poco racional. Paranoico puede ser la palabra. Loco también. Estúpido... quizá.
Volviendo a mis calles, el cigarro ya no quema como siempre. Su pequeña luz anaranjada quema desinteresada y temo que ya no vuelva a quemar como ésos tiempos donde su combustión era magnífica y majestuosa. La figura de la mujer se vuelve... deslumbrante. Su piel se libera de sus ropas para mostrarse tal cual es en toda su belleza. Los senos saltan de par en par sin miedo ni pudor y con la ignorancia de saber que puede ser percibidos por nosotros, los hombres. Sus brazos se desnudan y demuestran su pequeños vellos ahogados de semejantes telas.
Y es así como un pequeño lector, escritor o persona en sí comprueba lo detestable y pensativo que se torna ésta época climática: el estúpido verano.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Las anécdotas de Mario.

Desde joven he sabido apreciar a la belleza de la mujer. Como bien inspirado de grandes poetas, dramaturgos y prosistas del siglo veinte, he pasado el resto de mis días describiendo cada anécdota, tanto erótica como amorosa, de mi larga y pulposa vida. En mis ochenta y cuatro años, varias mujeres se resguardan en mi corazón. Más bien, se hallan en los recuerdos, que, siendo honesto, más frescos que tengo. En la aparición de mis dieciséis años, joven y especulante sobre la mujer y su cuerpo, que bien, ha sido para diversos motivos y usos, teniendo en cuenta su fortaleza y su incontenible sensibilidad, he tenido la certeza de que mi debut como hombre totalmente activo y contemplador de la mejor obra de dios, fue lo más deleitado de mi adolescencia en épocas sexuales.Claudia, o así se hacía llamar esa querida mujer que nos costó un tiempo para recibir una cálida noche de verano con un cielo estrellado y oscuro, con la transpiración apropiándose de nuestros vientres mientras que nuestros ombligos se ahogaban de placer con gotas de sudor que palpitaban en nuestros pechos; los suyos estrechos y suaves totalmente quietos y latentes con el talento de bailar y saltar sobre mi nariz. Rosa, nombre de flor con pétalos coloridos que se relaciona con su cuerpo tallado a mano, con una sobredosis de pincel con acuarela marrón que se despojo debajo de su pecho izquierdo, concibiendo un lunar tan radiante y sobrenatural. A diferencia de Claudia, Rosa, con el esplendor de una belleza máxima, con su cabello rizado que se revoloteaban sobre mis hombres caídos y frágiles; huesudos y mojados. Sus pechos saltaban de una manera increíble e inimaginable para los incrédulos y escépticos, transformándose en una de las maravillas del mundo; la primera y desbaratando cualquiera que se le interponga. Ella, querubín de mis cielos y de mis espacios universales, con su enorme corazón pero con su capacidad grata de enfadarse o de enojarse por motivos innecesarios y estúpidos, se disolvía en mi mar de felicidad y de gratas sonrisas. Mujer de mis más apacibles sonrisas, esbozo muecas de gratitud, estés dónde estés, por brindarme la máxima felicidad que rondaron por toda mi infancia, adolescencia y mis tiempos de adulto. Aún te pienso en mi vejez. Tus pelos rizados, tus sonrisas, tus enojos, tus maniobras para arreglarlo todo, tus fortalezas. Nuestra intimidad...
En mis treinta años, apareció mi mujer de hoy en día donde repaso todos los días con mates y bizcochos de grasa. Cincuenta y cuatro años y aún, María de las Santidades, no ha podido superar a mi querida y añorada Rosa. Aunque ella, María, me ha acompañado en todos mis sueños, mis realidad, mis ganas de crear mi propia visión de la vida que  es, ni nada menos que disolver nuestro amor en un hijo. Hijo que después tendría un hermano y que esos dos hermanos cubrirían el festín musical creando un trío cantor con mi tercer hijo. Y aún así, mis anécdotas y mi desdichas sobre el amor se siguen involucrando en mis contemporáneos recuerdos, habituales, recreando cada imagen que me brindó la vida para contemplar el amor de Rosa, la iniciativa sexual que me regaló aquella mujer de senos estrechos pero con cola voluptuosa y el amor incondicional pero no precipitado de mi amada María de las Santidades, que me regaló, me obsequió sus sueños, sus deseos, su vientre para formar mi apasionado sueño de procrear y educar. Pero aún así, como ya he reiterado, a mis ochenta y cuatro años presiento que describir a mis mujeres, a mi anécdotas me influyen para demostrar que el amor no está perdido en ésta sociedad dónde el amor solo fluye a partir de sexo barato sin compromisos, embarazos a la deriva e hijos con padres que cambian cada cinco años.
Es así, que a mi edad, me cuesta cambiar la perspectiva de la mujer. Sólo tengo una: valorarla, porque puede ser el fruto de nuestra felicidad. Y a aquellos que sus gustos no son los míos, disfrutar del amor en general. El amor puede ser como una flor. En primavera florece y épocas remotas, se marchita y vuela en nuestro cielo rompedor de sueños; abstrae con sus nubes pegadizas.

martes, 9 de octubre de 2012

El fuego.

¿Qué es ese calor? No sé dónde estoy. No sé ni cómo vine. ¿Por qué todos se ríen? Me aturde la cabeza. Un pasado que nunca ocurrió me taladra la cabeza; un futuro que nunca va a venir me quema el inconsciente. ¿Qué paso? ¿Por qué ése inútil recuerdo que no me acuerdo si lo efectué? Por favor que alguien me recuerde que hice cuando no me di cuenta. Todos ríen, todos parecen felices; disfrutando de la jornada. Soy ajeno a esa felicidad; se me crispa el cuerpo, se contrae la cara, mi cabeza me quema, me explota, me castiga, me tortura. Mi voz suena pero no la hago sonar yo. Es algo muy distinto. “Basta, basta, basta”. No lo digo yo, ¿quién será? Sí, es mi voz, pero no soy yo. Alguien se me habrá metido y narra recuerdos que sé que no los escribí. Ahora me siento y fumo sobre un pedazo de ladrillo. El humo se ríe de mí, de mis ojos flechados hacia un óvalo negro. ¿Qué es ese óvalo? Se me nubla la vista, miles de pequeñas moléculas de luz se parecen en mi vista y se burlan. Aún siento que hice algo pero no. Escucho pero no; hablo pero no.
Y ahora llego a la cama. Todos siguen gritando y el fuego en mi mente quema más y más. La ceniza del cigarrillo jadea con su mísera luz anaranjada. Quema cada pétalo gris; mi mente quema cada impulso nervioso. Se quiebra, se fractura mi tempestad con miles de risas que retumban sobre mi sien. Siento un golpe. Me abalanzo sobre mi rodilla y caigo despatarrado. Mi cabeza se inclina hacia adelante pero mi cuerpo sigue intacto; latente. Llega la mano del amor para suavizar el fuego que destroza mis impulsos. Aléjate, no quiero quemar tu belleza con éste fuego destructor. Éste fuego lo quema todo. El agua hierve y silba justo sobre mis globos oculares. El tiempo todo lo quiere calmar, pero no me calma. El tiempo quiere servir como bloqueador de éste fuego arrollador, cómo agua. Como bombero de incendio, como luz en oscuridad, como alma para el cuerpo. Y sigue explayándose éste fuego amortiguador. Fue muy grande, la llama era enorme. Ahora el viento de mi tranquilidad sopla y calma la llama. Es muy fuerte. Y aunque el tiempo sirva de algo, los minutos y los segundos siguen combatiendo. La pequeña flema de fuego sigue ardiendo en lo más profundo de mi interior, pero ahora sólo arde cuando la recuerdo. Sí es que no recuerdo esa pequeña llama, no arde. Si la recuerdo, incendia lo más profundo de mi conciencia. Mi conciencia que grita; el remordimiento que llora. Nuevamente el tiempo fluye y el ardor también.
El humo es más blanco. No es el normal. Su aroma es otro y quema de distinta manera. La conciencia es otra y la realidad ajena. Lo veo todo ajeno, se ve todo fuera de término. Más adelante el camino se hace angosto. La cabeza no está en su lugar, ni el alma tampoco. El cabello y los vellos, tanto corporales como faciales pican mucho más de lo común. Lo común se excluye de la situación y la cordura y la locura se pierden en abismos negros.

viernes, 5 de octubre de 2012

No todo es lo que parece (cuento).

El señor Memphis era un apasionado por el alcohol. Aún así, la ebriedad no era una característica de él aunque de vez en cuando, podía tropezar en borracheras. Su mujer, la señora Zsiuvsky, soñaba con aquél día en que su marido dejase el alcohol para convertirse en un hombre libre de vicios.
El señor Memphis, contenía una profesión de renombre, hijos inteligentes y habilidosos y una mujer hermosa. Su vicio se apoderaba de él cada medianoche, más bien cerca de la una de la mañana. El whisky, el ron, los vinos exóticos eran sus compañeros, su recocijo, su júbilo. No eran más que tres tragos por noche ye el camino hacia su habitación lo veía como un camino sin fin, pasillos como laberintos, tambaleando y con ojos entreabiertos. Su mujer, lo esperaba leyendo un libro y con la lámpara encendida sobre su cómoda, ojeando de reojo la apariencia de su marido.
-¿Cuánto?-preguntó la mujer aún con los ojos en la lectura.
-No sé. Tres tal vez.
-¿Qué?
-Qué de qué.
-Qué tomaste.
-Lo de siempre.
-¿Qué es lo de siempre?
-Ya sabes mujer, no me cuestiones a estas horas.
-Ya estamos aquí, tomaste lo tuyo y yo con mi libro que añora tu calor en nuestra cama.
-No te pongas fastidiosa.
-Sólo espero que un día te des cuenta que no haces bien; tu familia te añora.
-Sólo son unos tragos a la medianoche para que no noten mi ausencia en el día.
-Yo la noto en la noche.
-No se puede todo mujer.
-Está bien, aún así nunca cambiarías las cosas-la mujer cerró el libro, se quitó los anteojos y a ambos los deposito en el cajón de su cómoda. Apagó la lámpara y terminó la noche con “Gracias por hacerme feliz…”. El señor Memphis, en plena oscuridad, pensó esa frase por casi toda la noche. “Gracias por hacerme feliz…”. Obviamente que sería sarcástico, su mujer siempre fue de decir indirectas. Era utópico pensar que de un día para otro podría cambiar su forma de ser, sus vicios, su perspectiva de la vida. Su mujer, egoísta en ese sentido, personalizaba la parte más negra de su mente. Esa oscuridad que penetraba en sus ideales y no le dejaba pensar ni descifrar que hacer. Gracias a “Gracias por hacerme feliz…”, el hombre se hundía. Se hundía en la incógnita de esa frase, de ese refrán sarcástico de su mujer, de esa visión totalmente egoísta o territorial de su parte. Lo atosigaba, lo ahogaba.
Por la noche, tomó su saco, su sombrero y se echó a caminar. Las luces de los faroles callejeros, alumbraban algunas partes de las veredas. La noche era hermosa, inmaculada; las estrellas brillaban en todo el espacio negro, en todo su esplendor. Las marquesinas de los negocios estaban totalmente apagadas, dormidas. Alguna, tal vez, se hallaba prendida pero sólo algunas letras. El señor Memphis, fumaba en sosiego. El humo se escapaba por su nariz; se escapaba por su boca. “Gracias por hacerme feliz…”. Él sabía que su vicio por el alcohol, algún día, tarde o temprano, le afectaría. Recuerda ésa vez, aquella noche en que su ebriedad provocó decirle la verdad a una ex novia. “Te engañé muchas veces, es la verdad”. Ésa vez en qué terminó la noche con una marca con las cinco yemas de los dedos de aquella mujer, aquella ex. También recuerda esa tarde de verano que se emborrachó en la plaza del centro y vomitó en el pantalón de una anciana. A consecuencia de eso, la anciana llamó a la policía y los oficiales se lo llevaron. Lo encarcelaron por consumo de bebidas alcohólicas en espacio público pero sólo pasó una noche dentro de la celda. Su madre, Doña Casanova, pagó la fianza y lo llevó a su casa.
En su camino sin rumbo, Memphis levantó la frente y halló un bar. "Ju n Dom ng" de "Juan Domingo". Las letras de la marquesina titilaban y daban la impresión de que el bar se llamaba "Jun Domng". La noche era intensa y el frío estremecía al señor Memphis. El hombre caminó rápidamente y se paró frente al la puerta del negocio. Por el ventanal, se visualizaba ancianos con barba blanca y anteojos marrones bebiendo largos vasos de cerveza. Otros se adormecían en pequeños recipientes de whisky y por el fondo, dos señores de aspecto envejecido resolvían un juego de pool. Memphis sacudió la última ceniza, fumó la última pitada y los tiró. Abrió la puerta del bar con serenidad. Los ancianos de la mesa con cerveza lo miraron de reojo; lo del whisky no pudieron disimular visualizar al extraño y los del pool siguieron su juego sin compromiso. El hombre, incómodo, se dirigió a la barra si ojear a su alrededor. Memphis oyó murmullos por todo el establecimiento pero no le impidió seguir su camino.
-Buenas noches-inició Memphis.
-Buenas "madrugadas"-respondió el hombre y luego siguió con una pequeña sonrisa- ¿Qué le sirvo?
-Whisky en las piedras- Memphis se bajó la manga de sus saco y ojeó su reloj. Las tres de la mañana.-¿Hasta que hora están ustedes?-preguntó.
-Hasta que éstos viejos se vayan- respondió el hombre
-¿No tiene hora de cerrar?
-Depende, algunas veces me frustro y cierro.
-¿Frustrar?
-Sí, me frustro.
-¿Por?
-Veo estos ancianos siempre sentados en la misma silla, en la misma mesa, en la misma posición que el día anterior y el anterior y el anterior y así. Y me pregunto si un día terminaré sólo, con tragos, con melancolías, con poca lucidez, con el pensamiento que mañana puede ser mi último día, en que el día de mañana no me afeitaré mi barba negra y abundante, sino blanca y caída. Mi aliento será de alcohol, de cigarrillo envenenado de nicotina, mi vestimenta será zaparrastrosa o tal vez no pero aún así, sé que algún día terminaré así. Chismoso, con el ego de saber que "tengo más años que vos y soy mucho más ágil, lúcido y preponderante" y me enferma.
-Aún es joven usted, puede dejar este trabajo y amoldarse a otro.
-He estado más de diez años detrás de esta barra; ese whisky, es de Holanda y me trae nostalgias. Con ese conocí a la mujer de mi vida; ese vino Malbec me lo regaló un hombre que vino una noche de lluvia y me lo cedió con la única responsabilidad de cuidarlo y nunca cebarlo. A los días, me enteré que ese hombre murió.  Me contaron que ése hombre, ése anciano se suicido por la escollera sur. Me dejó inmóvil y conmovido y nunca lo cebé; fue su último deseo se podría decir. ¿Entiende señor?, cada trago tiene una historia, algunas más conmovedoras que otras pero en fin, cada uno cuenta una pequeña parte de éste bar. Para mí, forma una gran parte éste bar, nunca podría dejarlo, teniendo en cuenta que es mío.
-Entiendo entiendo. Pero creo que tiene que desatarse de éste bar. Le está haciendo mal-Memphis sonrió con miseria y le pidió otra ronda. El hombre apartó el whisky y le sirvió-Gracias.
-Dígame algo señor-el barman silenció unos segundos y lo miró- ¿Cómo es su nombre?
-Martín Memphis.
-Memphis !ah!, dígame algo. Usted me habla de desatarme algo que me hace mal pero al mismo tiempo lo amo. Dígame, ¿que hace tomando alcohol a éstas horas?. Conozco gente como usted, tiene problemas familiares.
-No los tengo mi buen hombre.
-¿Es casado?
-En efecto.
-¿Y que hace a estas horas por aquí? A mí no me mienta, yo ya he tenido hombre que se han peleado con su mujer, han venido aquí como si yo supiera todas las respuestas y me toman como su psicólogo gratuito. Memphis, cuénteme.
-Me dice que deje el alcohol, pero es un vicio.
-Ese vicio lo puede dejar en la ruina sentimental y emocional, ¿lo sabe?
-¿Sabe lo que es el vicio mi buen hombre?
-Lo conozco. Mi vicio es seguir aquí aunque lo odio. Pero que más da, no tengo nada que perder. Usted sí, recapacite Memphis.
Memphis tomo el último sorbo de whisky y dejó el vaso sobre la barra. Sacó un cigarrillo y lo encendió. Se alborotó su cabello caoba y luego se retorció los dedos.
-Mi mujer piensa que se deja de un día para el otro. Es totalmente utópico.
-Utópico es pensar que no se puede. Si verdaderamente la ama a su mujer, tiene que dejarlo. No todas las mujeres soportan algo que realmente odian. Usted tiene el privilegio.
-¿Verdad que sí?-replicó Memphis.
-Sí. Yo no puedo salir de la historia del anciano suicida ni la mujer que cautivó toda mi alma, mi despecho hacia la vida, mi resentimiento al odio. El amor habitada en sus dos comisuras. Nunca la tuve ni la tendré. No desperdicie el amor de su vida, Memphis. Ni a sus hijos, si es que los tiene, ni a su vida ni a su integridad. Es tan sólo un líquido que nunca le dará felicidad. Recapacite.
Memphis terminó su cigarrillo y sacó otro. El humo se acoplaba a la luz de la pequeña lámpara que alumbraba a los dos hombres. Dejó el dinero en la barra y un poco de propina.
-Gracias. Nunca me dijo su nombre.
-Jhon, Jhon Swest.
-Muchísimas gracias, usted me ha dado que recapacitar.
Memphis caminó rápidamente hacia la puerta y antes de abrirla le gritó a Swest.
-¿Que significa "Gracias por hacerme feliz..."?
-Que tiene que cambiar, mi querido Memphis-contestó Swest.
Memphis cerró la puerta y se fue.

El hombre llegó a su casa. Corrió hacia la habitación y su mujer no estaba. Preocupado, corrió hacia la habitación de los niños. No estaba allí, pero recordó que se habían quedado con la madre de su mujer. Memphis, quiso llamar a su mujer y no atendía. Recorrió toda su casa y no, no estaba allí. Llamó a la casa de su suegra y nadie. No podía creerlo. Justo como Swest lo había predecido. Memphis corrió hacia su biblioteca donde se hallaban todos sus licores. Furioso, tomó cada licor y los explotó contra la pared. Su vida se endrenaba por el alcohol. Su mujer, "Marie, tantos años... tantos perdones que te debo, oh Marie Marie, te amaré toda la vida. Mi marie". Memphis volvió al pensamiento. Su mujer, sus hijos, su madre, su padre muerto ya hacía años, su empleo su vicio. Su vicio que lo mató. Que lo fue matando de a poco.-Ya no más, basta, no quiero más vicio, no quiero hacer sufrir a mi Marie-habló con fuerza Memphis mientras buscaba su arma. Se sacó su camisa con olor a alcohol, escribió una carta de despedida con todo lo que había ocurrido, con las cosas que hubiera hecho por ella, que le debía la vida y que la amaría por toda la eternidad. Habló de sus hijo y familia. De pronto, se escuchó un tiro que revolvió la sien de Memphis. El hombre cayó. Un pequeño filamento de sangre recorrió la alfombra de su biblioteca.
A las horas, se oye la puerta.
-¿Martin, Martin? ¿Estás aquí? ¡Te fui a buscar, estuve preocupada! ¿Dónde estás?-Gritó Marie.


viernes, 28 de septiembre de 2012

.-.

Llego de la calle fría y vuelco mis temblores en un cigarrillo que quema con mera tranquilidad; el fuego anaranjado que deja rastros blancos, grises sus pétalos y en el núcleo, medio de esos pétalos grises, nace el pico negro. Blanco su cuerpo, naranja su placer. La bocanada que respira el aire; la bocanada que disuelve mis vías respiratorias y le ofrece un funeral en medio de mi pechos. Tumba ahuecada; tremendo rasgo de deterioro que resurge de mi aspiración. Espero y espero. El reloj es mi enigmático enemigo.
Ruego no enloquecer deseando la bienvenida más cortés de tus ojos felices, plagados de vicioso contagio. El sol de mi cielo alumbra la cálida sonrisa de tu rostro íntegro, inmaculado, rápidamente capaz de enamorar, de revertir tristezas a alegrías, de sentir una solemne gratitud al creador de semejante mujer; Dios de mis abrazos y besos. El tiempo transcurre y se hace cada vez más grande este sentimiento. Rara voz que pasa de murmullos a gritos y retumba desde lo más frágil de mi pecho, de mi alma, de mi corazón. Un minuto más y estalla. Esa sensación infinitamente ágil y grácil aunque también se siente inmunda y generalmente vulnerable, marca el compás de mis días, de mis ratos, de mi ocio.
Retrocedo en mis pasos para caer en tus manos suaves, tersas e incomprensiblemente tentadoras para recostarse y soñar con las fantasías más complejas y singulares. Mi cabello y mi velluda ceja se desvanecen en el tacto de tu palma, acariciando, navegando por el mar de mi cabello color castaño oscuro. Me levanto y tus uñas se tornan frágiles y mordidas por tus blancos dientes, filosos, fuertes y rectangulares.
Mi cara sonríe. Tu espalda, espléndida en su creación, torna mi mente al pasado; tu nuca a nostalgias; tu voz a melancolías. No me des la cara, quiero contemplar la belleza de tus piernas. Firmes y desarrolladas. Aún no, sigo hipnotizado. Qué pedazo de redonda demostración. Tu rodete bien atado me deja ver tu nuca, que como te he dicho, me trae ese gustito de nostalgia. Desbaratas mi contemplación, me diste la cara. Pero ahora es mejor. Vestida se te ve bien, pero desnuda era mejor. Como naciste, como saliste del fruto del amor de tus padres, así tendrías que estar frente a mi , sólo frente a mí. Tu confianza es lo que nos compete y es la realidad por la cual te miro con otros ojos. Mis ojos llenos de admiración, de amor, de contemplación que solo se produce cuando hablas, moves, caminas, me amas. Amar.
Floreces tan hermosa y tan vibrante. Vibra religiosa. Sos mi religión, mi Dios, la dueña de mis ratos libres. Psicóloga de los oficios problemáticos que ejerce la parte oscura de mi mente, alumbras con esa luz que te caracteriza lo más oscuro que existe. Existir es estar y me gustaría existir en tu corazón, mente, alma e integridad. Mis oídos frecuentemente oyen tus miedos, tus presiones, tus preocupaciones, tu enfermedad, tu rota razón y quiebran absolutamente toda pero toda mi estabilidad. Temblor, miedo; oscuro sosiego que renace de las heridas. Te miro, frío y roto. Roto por saber que algo te preocupa, te molesta; frío por la única razón de saber de mi impotencia. Impotencia que se formó en aquél momento en que dijiste de tu preocupación. La cura no la tengo y mis miedos siguen fluyendo. Tu sonrisa, tan bien ilustrada y disimulada recrea aquellos tiempos en los cuales tu tranquilidad era pasiva y al mismo tiempo activa. Tu corazón late sólo porque está el mío. Tu brillante existencia solo brilla por mis besos y acaricias. Es cierto, me lo has dicho. Metafóricamente es verdad, pero física... uno vaya a saber. Te creo y como dije, la confianza es lo que nos compete. Te amo y es mucho más. Me amas incondicionalmente y es la verdad. Concebiste mi amor en tu corazón y es la plena verdad. Me amas y es la verdad. Me amas y es la verdad. Repito porque quiero repetirlo. Sanateo porque sanateo y te amo porque realmente te amo.
Te dormís y tus ojos se cierran. Hermosa verte tranquila, sosiega sin miedos ni aflicciones. Te admiro y de la admiración y amor me duermo tranquilo. Te abrazo y me acomodo. Vuelco mis brazos sobre tu cintura y cierro mis ojos. Sueño y te sigo viendo tan flamante como siempre.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

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Ahí estás otra vez. Es ese momento donde todo mi cuerpo se manifiesta en complot y vuelcan todas sus contracciones hacia al mismo lado, hacia el sentimiento de verte, de querer tenerte. Y te acercas de manera simultánea, con tus pasos característicos pocos convencionales. Tu caminata de mujer, donde brilla toda tu pulposa vida, tu silueta voluptuosa, tu pelo atado que te despeja esa cara meramente tierna, una perfección ovalada.¿Y tus ojos? Tus ojos. Ese pequeño mar de lágrimas que desemboca en tu párpado inferior que funciona como orilla y solo se rebalsa cuando esa pequeñas suaves pero puntiagudas pestañas hacen estallar la presión de esa agua, agua que refleja la felicidad o la tristeza misma. Tu cielo de cejas que desembocan en  tu nariz. Esa nariz. Fina y punzante, estrechamente color marroncito, ¿o quizá blanca? Tal vez la parte superior es marroncita y allí cuando termina ese color, se torna blanquecina. Me suicido de tu nariz para caer en tus labios. Es raro pensar que tus labios sean el principio de mi excitación, del sinónimo de lujuria, de amor, de tentación; con el sentimiento de espera que concluye en esas finas líneas rosadas, espléndidamente trazadas que conforman mi deseo, mi fulgor, el desencadenamiento de una pequeña porción de mi alma que queda almacena en esas pequeñas líneas humedecidas cuando me expresas tus sentimientos, y hasta podría decir que nunca vi a alguien que se le fusione su corazón con sus labios. Ella con su intención de tentar, de envejecer sus labios sobre mi boca, sobre mis labios, sobre mi saliva que se retuercen de estremecimiento y aún así quieren seguir. Esas ganas de seguir que se confronta sabiendo que algún día no se podrán retorcer más así, teniendo en cuenta que no existe persona igual a vos, ni a tus labios húmedos, ni a tus ojos ahogados de un pequeños cimiento de agua, ni a tu nariz punzante, ni a tu lengua. Tu lengua. Si tus labios son el sinónimo de lujuria, tu lengua es el sinónimo de sexo. Esa gruesa y penetrante lengua escamosa que provoca la descoordinación de todo mi organismo, de los latidos de mi válvula o corazón, de la producción de transpiración, y ah, la transpiración. Tu lengua provoca tantas cosas, como la transpiración y más en la plenitud de nuestros cuerpos. Esa lengua que es capaz de provocarme una excitación máxima, ese sinónimo de sexo y amor pleno, de conciencia, de estremecimiento, de mis pelos erizados por el sonrojo que  producís. Y mis pelos. Las yemas de tus dedos que recorren como niños jugando entre los árboles sobre los pelos de mis brazos. Esa suavidad extrema que brinda tu uña rasguñando mi piel, entumecida y frágil por el calor de tu pecho. Mi sangre hierve de calor y no es de menos. Tu pechos, tu brazo tu boca, tus cachetes, tu silueta voluptuosa, tus piernas tan excitantes como tu boca, lengua y demás; tus manos. Ah, tu manos. Me olvidaba de tremendo invento. Tus manos que atraviesan cada parte de mi cuerpo, esos dedos que resuelven mi frialdad, mi baja autoestima, la caída de mis pelos del brazo, la plenitud de mi bienestar, la plenitud de mi sexo, de mi amor, de mi pasión, del fulgor de mis ojos, mis labios húmedos, del aroma de mi torso blanco; esas manos que sube toda mi compasión, mi comprensión, mi paz, de mi adicción hacia tu sonrisa, hacia tu tristeza, hacia tu felicidad, hasta tu nítida verdad y tu indescifrable mentira. Y cuando tu espléndida desnudez provoca la rapidez de mi sangre a través de mis capilares sobre todo mi cuerpo, es ahí cuando un pequeño temblor desequilibra todo mi cuerpo. Mi temblor de alegría. Mi temblor de pasión. Esa pasión y alegría, más bien armonía, que se trazan sobre mi aceleración mental y que explota cuando mi labio inferior es mordido por mis paletas; cuando mis manos asfixian un pedazo de tu piel, de tus poros, de tu oxígeno.
Desde arriba tuyo caen mis gotas de sudor, más bien calor que me brindas. Esa evaporación de tu mísera intención, aunque no creo que sea tu intención, que resurge de mi velocidad infinita cuando escucho tu condenado placer, tu poco pudor, tu confianza. Tu cuerpo ya tocado, ya infiltrado. Y de repente tus manos que aprietan mi muslo, mis pelos parados a puntos de ser explotados de placer, de ambición en tus palabras con nuestro infinito interrogatorio sentimental, interrogatorio de provocación, de futuras tomas de nuestro promiscuo estar, de nuestro promiscuo secreto del amor. Ese amor que flota sobre el aire con nuestros movimientos, con nuestra falta de  rigor a la hora de encasillarnos en una pequeña cama y una almohada que acomode tus cachetes y en ciertas ocasiones, los míos. Y ahí recuerdo nuestra mínima inocencia en tiempos pasados que nos han llevado a semejante momento de intimidad. Ese momento que amo todo lo tuyo. Tus pensamientos, tu forma de ser, tu íntegra capacidad de amar, de odiar, de detestar aquel boicot de tu felicidad, de tus enfermedades existenciales, de tus deseos, de tus sueños, de tus labios, del amor infinito que te tengo y puedo seguir con la lista; tu manera de controlar mi corazón y alma.
Ese vicioso y cálido tiempo de relajamiento que me entregas. Ese vicio descomunal y pervertido que me inculca tu risa. Tu risa. Algo que me ha cambiado rotundamente mi felicidad es tu risa. Ese sonido diminuto que dilata tu boca y que encueva tus comisuras, reflejando tus dientes. Y lo pero de todo es que si es que algún momento vuelvo a verte mal, carecida de sonrisas, risas, besos y tu armamento de felicidad, será el momento de mis aflicciones, de mi fluctuación espiritual, de la amarga condición de vivir, de sentir.

viernes, 31 de agosto de 2012

Nostalgia del pasto

Por encima de las laderas de cemento
pastos verdes se recuestan por debajo
sueños inolvidables de la nostalgia y el sentimiento
crecen ciegos como nubes en tiempos mojados

Desde arriba se ve la escollera del sur
¿quién se atrevió a suicidarse por ahí?
Sin darse cuenta, sigue brillando su luz
que refleja dolor desde el cielo hasta a mí

Por detrás mío rige la hiena romana
que alimenta un ejemplo más del dolor
con los ojos tapados pero con la mirada taimada
desmiente la hipocresía del amor

Corren las palomas cerca de mis zapatos
¿qué buscan más que cuero negro gastado?
aunque sin rumbo pasan los ratos
esquivan la muerte de mis sueños pasados

Por el suelo, flota la melancolía
¿quién hubiera dicho que tras una pena sale una sonrisa?
y aunque muchas puertas se me cerraban, una se abría
con muecas de alegría que pasaban sobre mis manos sin prisa

Al fin de varios días sentado mirando el horizonte
vi el presente como fuente del pasado
¿cómo podría saber que mi reflexión se encontraba en ese monte?
 puede ser, que mi ojos durante mucho tiempo se hallan cerrado.






lunes, 20 de agosto de 2012

¡Qué abstracto!

Qué fácil es callarse en noches frías
qué fácil es mirar de reojo a la verdad
Que difícil se hace tu amor por el resto de mis días
Qué difícil es pensar toda esa realidad

No existe peor silencio como el del corazón
vacío, con gotas inverosímiles que tienden a temer
No existe mejor sensación como la razón
incógnita, escondida que nos tiende a enceguecer

No debe ser fácil amar en pleno dolor
pero tal vez sea la salvación
salvación que solo se encuentra en el amor
y si no es así, que respeten los cantos del corazón

No sé si la felicidad se encuentra en mi esquina
tal vez se encuentre a unas calles de aquí
Pude ver que sol crecía, no de manera mezquina
y aunque no caminé yo, un impulso me motivó en ir


jueves, 26 de julio de 2012

Sobre la vista de la vergüenza, capítulo I

-Te tenes que ir. No hay tiempo.
-Las pelotas me voy a ir, quiero que venga Roberto y si me dice que me vaya me voy. No voy a cumplir órdenes de un boludo como vos.
-Sos necio eh. Dale, movete. Agarra tus cosas y mové el culo de acá Francisco.
-¿No escuchas hijo de puta? Te dije que no voy a recibir órdenes tuyas. Sos un boludo Fernando. Rajá de acá.
-Ya vas a ver pedazo de pelotudo.

Eran las once de la noche y Francisco esperaba la orden de Roberto para desalojar la oficina. Se había mandado una cagada en un trámite y lo único que esperaba es que lo despidiera. Aún miraba la ventana preocupado y nervioso esperándolo. Eran medianoche y el hombre seguía con la cabeza baja caminado de rincón a rincón dentro de su oficina. Agobiaba el momento en el cual Fernando se impuso a darle órdenes siendo un rango inferior, aunque sabía que si Roberto lo echaba, Fernando sería el nuevo sargento del cuartel. Guardó el arma, su insignia y despachó una estrella simbólica del cuartel en su escritorio. Se sentó a esperar. A la llegada de las dos de la madrugada, volvió a sentarse y se echó a dormir.

-Panchito, despertate.
-¿Qué carajo?¿Qué hora es?
-Las ocho de la mañana. ¿Te quedaste toda la noche acá?
-No, dormí en mi casa y como no era cómoda mi cama decidí dormir en el escritorio macizo, frío y duro. Sí boludo.
-No seas irónico. Te está esperando Roberto en su oficina.
-Gracias Ramiro.

El sargento Francisco Arrenaga se levantó lentamente. Quería vivir sus últimos momentos sentado en esa silla que había estado con el por unos largos veinte años. Se enderezó y se estremeció con el frío que lo envolvió. La ventana estaba abierta. Francisco esperó unos minutos parado sosteniéndose sobre el escritorio y luego la cerró con desgano. El oficial Ramiro Cartagena se había ido a seguir con sus labores. Tomó la insignia y el arma nuevamente del segundo cajón y después de un largo silencio se guardó la estrella en su bolsillo. Apagó la luz de la oficina y continuó con un portazo. Caminó por los pasillos del cuartel hasta llegar a la puerta de la oficina del Jefe de Policía. Tocó la puerta. Sintió un grito y la abrió lentamente

-Buenos días señor.
-Que haces Pancho, todavía Fernando me rompe las pelotas con eso de despedirte.
-Es porque quiere mi puesto. Además nunca nos llevamos bien con el oficial. Siempre tuvimos nuestras peleas y sigue resentido por que usted me halla dado a mi el puesto de sargento y no a él.
-Mas bien, si es un pelotudo. Dudo en que sea un buen oficial Fernando. Francisco no voy a despedirte.
-¿Ah... no?
-No. Sé que sos un terrible boludo por haber dejado escapar a Ramón, pero es la única vez que te mandaste una macana como esta.
-Eran tres tipos y el oficial que me mandaste era un inservible.
-No subestimes al oficial Merenlao. Es un estudiante con todas las letras. Pensé que iba a ser fácil para vos agarrar a un tipo como Ramón. Ahora anda a saber donde está.
-No es fácil, por eso el tipo está prófugo hace un año.
-¿Qué carajo estas insinuando?
-No insinúo nada, solo digo que no es fácil.
-Para un tipo como vos que ha resuelto casos muchísimos mas difíciles, es muy fácil agarrar a un narcotraficante.
-No lo crea. Es muy vivo el desgraciado ese.
-Pero por favor Francisco, vos y yo sabemos que tipos como esos terminan cayendo en cana.
-Va a ser difícil meterlo detrás de los barrotes.
-Y seguís con el tema de la dificultad. No importa eso ahora, ya lo vamos a agarrar pero te llamé para una boludes. No voy a despedirte así que decile a Fernando que se va a quedar en su puesto.

Después de varios minutos en la oficina de Roberto, Francisco salió muchísimo mas aliviado. Volvió a ponerse la insignia, guardo el arma en su equipaje e inauguró nuevamente su oficina. Fernando lo miró con una mirada desafiante y de envidia al pasar por su oficina.

-Vaya, muévase oficial- entonando mucho mas el "oficial" se dirigió Francisco a Fernando.
-Ya vas a ver.
-Deja de amenazar y anda a patrullar bobalicón.

Fernando se enrojeció de la furia, sacó su arma y le apuntó a Francisco. El sargento se levantó rápidamente y desenvolvió su arma, la levantó y le apuntó. Los dos se apuntaban furiosos y dubitativos.

-Vas a comer plomo hijo de puta- habló Fernando con la boca semi-abierta.
-Pedazo de pelotudo, sea como sea ya perdiste el trabajo. Estas apuntando a un superior, eso ya es el despido y si me matas vas a seguir viniendo acá pero atrás de los barrotes.

Durante un silencio, se escucha un arma caer.

miércoles, 25 de julio de 2012

El legado que Juan nos dejó

Busco respuestas. No la encuentro en ninguna parte y tienen que saber que ya las he buscado por todos lados. Se han escapado mi mirada y la sonrisa, saltando de la mano alegremente. Quedé sin nada. Ni el calor en la cama, ni los besos al mediodía. Ni historias, ni anécdotas que contar ni mencionar en algún bar. Ni el corazón, solo me mantuve vivo todos estos últimos años por la respiración seca y estupefacta. Imagínense que ni la soledad habitaba por mis calles. Ni emociones, ni nostalgias, ni recuerdos, ni melancolías, ni tristezas ni una puta alegría. Qué lo parió che.
Camino y no siento mis pies, ni aunque sea mi talón... mucho menos mi planta. Muevo mi cabeza y no siento mi cabello. Hablo, grito, susurro, canto... pero no siento mi voz ni las cuerdas vocales que retumban mi garganta. Beso y no siento ni mis labios y ni los ajenos. Tampoco amores, ni odio ni falsedades, y aunque no necesito a nadie, al mismo tiempo quiero a todos ellos que alguna vez me hicieron sentir una persona. Ni la sinceridad ni las peores agonías recorren mi corazón y mucho menos en los pensamientos que elabora mi cabeza. Puta madre che.
Antes comía y sentía un placer, un gozo, una sensación abstracta y hasta me puedo arriesgar a decir que sentía un orgasmo prematuro. Ahora todo tiene sabor a nada. Me acuerdo de las noches con Laura. Hacíamos el amor cálidamente y no había nada que se nos interponga en esas noches de puro amor. Me sentía en los cielos tanto ella como yo. Ahora no siento lo de antes. Ni el calor ni el amor... y miren que hay que ser estúpido para ser insensible en esas ocasiones tan ilimitadas. No se atrevan a decir que siento el "te amo" y el "te quiero mucho", porque ni eso puedo creerla a la gente. Es mucha desconfianza. Lo único que siento es que no siento nada. No sé para que me escribo o les escribo porque realmente ya no siento placer en dedicarme palabras o dedicarles mis sentimientos o insensibilidades. Escuché en una canción una frase que me siento identificado. "Soy un vivo que hace tiempo se murió". Es una frase que me toca mi gris corazón. No recibo nada ni necesito nada. Tampoco me siento necesario en esta vida. No me necesito en existencia.

martes, 24 de julio de 2012

No escuches a terceros en la felicidad
No incluyas a la frialdad en el calor
ni pidas respuestas a la verdad
porque el corazón tiene lugar para un solo amor

No mires al cielo para conseguir respuestas
no sientas tristezas ni agonías
y aun que el dolor te gane la apuesta
no dejes de sonreír, porque es mi mayor alegría

No me mires desinteresadamente
sabes que mi amor sigue estando con vos
No quiero que te olvides de mi rotundamente
que hasta dios sabe que no se rompió lo de nosotros dos


No quiero que te vayas
pero no quiero hacerte sufrir
y aunque no tenga agallas
sé que me tengo que ir


Ah, qué ciego es el amor
qué solemne es tu voz
qué sordo es el corazón
que hermoso... fue el tiempo con vos

lunes, 23 de julio de 2012

Querido Dios

Ya no sé lo que le pasa. No sé que siente, ni lo que ve ni lo que quiere tocar ni tampoco sé porque pocas veces se ríe solo mirando las gotas que navegan sobre la ventana de su habitación. Se sienta encorvado mirando de vez en cuando para abajo, tomándose las manos y los hombros a la altura de la pera. Su cabello dejó de ser suave y esponjoso. Ahora es más bien pajoso y reseco. No creo que duerma. Cada vez que paso por su habitación lo veo de la misma manera.
Cuando le doy el beso de las buenas noches no me mire, sigue fijo en la ventana ya oscura por la noche. Espero hasta madrugada para ver si se duerme. El niño solo apaga los ojos, pero sigue en la misma forma, en la silla. Una vez lo vi dando vueltas en círculos, como si jugara a "la mancha" con amigos imaginarios, invisibles. También lo vi sentado como indio y jugar a las palmas solo.
Muchas veces le digo te quiero y da vuelta la cabeza. Solo una mueca de desinteresado veo en sus ojitos.
No come, ya lo veo bastante flacucho y aunque le deje un guiso casero, se lo comen las moscas. Ya no sé que hacer. Lo veo tan solo. Quiero abrazarlo pero es como tocar a una estatua, sentado en su pedestal. Aun que sienta frío en invierno, no se tapa con frazadas ni con camperas. Solo se cambia la ropa cuando en su mundo hace calor o frío. No le interesa el exterior. Su cueva es su cuarto y su amor la silla. Su mundo es tan fantasioso. Grita de vez en cuando el nombre de "Alejo" y lo continúa con un "No te vayas, sigamos jugando". Le pregunto que le pasa y me responde triste con un "Alejo se tiene que ir a su casa".
Siento que te odio querido. No sé que te hizo para que le pagues con esa moneda. ¿Por qué le das el sufrimiento de no conocerse a un niño tan pequeño como mi hijo? Estoy muy confundido. Nunca te hizo mal y vos le pagas con el autismo.

domingo, 22 de julio de 2012

¿Gol o desahogo?

No hay nada mas placentero que gritar un gol. Un desahogo taimado, que no exenta al corazón. Ese momento donde se necesita agarrar algo con todas las fuerzas y revolearlo dando un sentido de alegría. Mirar para arriba con los ojos cerrados, apretando los párpados, cerrar los puños estirando los brazos y sentir que las cuerdas vocales acarician suavemente el corazón. Hay muchos que miran a los fanáticos con desprecio y vergüenza ajena. Es por que no saben como se siente. Necesitar de abrazar a alguien, que la alegría navegue por los brazos del prójimo, que las lágrimas se arrastren por los hombros, que las manos agarren fuertemente la espalda del compañero. Esa sensación de amor, calor, emoción y desahogo, no se compara con nada. Se acopla con al amor de una mujer, al calor del abrazo de una madre, el beso de un padre en la mejilla, a las miradas que enamoran, a la nostalgia, a la alegría, al dolor, al deseo y a la melancolía. Melancolía que uno siente cuando estuvo todo el partido esperando el momento mas hermoso donde el sonido de la red abraza a los oídos mas sordos.
Existe el sufrimiento. Un sufrimiento como un penal. No hay nada mas doloroso, sangriento y desalmado como un penal. Ese tiempo que se para cuando el corazón de cada uno de nosotros late lo mas fuerte que puede. Cuando las manos sudan y esa agua que se convierte en millones de navajas que acuchillan todo el cuerpo. Esa famosa "piel de gallina" que deja inmóvil a todo. A las muecas tristes, nerviosas que no disimulan el miedo. En el momento del tiro el corazón sube hasta la garganta impidiendo respirar. Los ojos sobresaltan sus huecos. La vista dispara una vertiginosa sensación de desesperanza. El destino elige dos opciones, el nudo o la alegría. El nudo te asesina y es cuando la pelota rechaza tocar la red. La alegría genera hermosa sensaciones y es como ya dije, cuando la pelota salta estupefacta la línea.
La jerga de este deporte son las puteadas. "Andá a la concha de tu hermana pelotudo", "Hijo de puta", "te pagaron hijo de re mil puta, anda a la concha de tu hermana", "Te vamos a matar", "A estos putos les tenemos que ganar". No existe otra forma de representar lo que uno siente. Se hace a través de la puteada. La puteada demuestra enojo o alegría. No hay neutrales. Ratifica a raíz del panorama.
Una de las cosas mas hermosas del fútbol, es el gol. Mas adelante, reconoceré el amor a la camiseta y el fanatismo por los clubes.

sábado, 21 de julio de 2012

¡Qué pedazo de felicidad tan ambigua!


Diría que es totalmente absurdo cambiar algo cuando nunca cambió. Puede que el destino me haya befado absolutamente, o el que el camino se cierra cuando estoy cerca del final y se abre cuando estoy muy lejos. Secretamente un dios me susurra desconfianzas y cosas que te encierran en mi cabeza. La vida, la vida misma continua avanzando mientras que yo sigo sentado en el banquito del pasado. Tal vez me da manos... invisibles porque nunca las he visto. Desde hace tiempo que no dibujo mi futuro. Antes mi camino era dibujado con total concentración, eligiendo el trazo y la finalidad que yo deseaba. Un tiempo después el lápiz se quedó con muy poca punta y ahora dibujo garabatos acorde al latido del corazón. “Uno nunca termina de conocerse a si mismo”. Qué frase. Una de las frases que hoy en día me siento identificado.
Muchas veces catalogué o catalogo al amor como una necesidad vital. De vez en cuando. Muchas veces pienso que es una trampa. Una red que te ata y no te suelta, y cuando estas bien lastimado te libera. Obviamente deja heridas. Al odio lo catalogo como neutral. No se si es malo o bueno, aunque es mas tirando para lo malo. Creo que te salva en algunos aspectos, obviamente el odio prematuro, el odio resentido es de ineptos. ¿No se han topado un día con una barrera que pensas y decís “Che, esta no la muevo nunca más de acá”? Por mi parte sí. Hoy en día no puedo mover la barrera. La barrera del camino. Es difícil.
Muchos besan la buena suerte, otros se azotan con la mala leche y otros viven en puro equilibrio. Yo no tengo ninguno de los tres. Yo me siento solo. Que hiriente es la soledad. Aun teniendo a varias personas, me siento solo. Qué frialdad, que deshonesto, que falso, que amargo, que estúpido, que desprolijo. Que rápido se va la felicidad. No hay garantías, no versiones copiadas. Sólo existe la original y les puedo asegurar, con toda fidelidad, que la encontré pero pasó hace tiempo. Podes volar, podes sentir, podes soñar, podes reír, podes llorar, podes perder pero todo se hace una bola y a eso… si, a eso se llama felicidad. Que enrulada que es la felicidad che. Feliz de haberla encontrado en el lugar mas enrulado.

La tragedia de Don Aníbal.

En los movimientos vertiginosos del pensamiento abstracto, de la resignación sentimental, del ocio eterno entre nuestras cabezas, de las actividades lujuriosas pasadas, de los vientos soplados por el mismísimo Dios, ¿dónde se halla la soledad?. Eso pensó Don Aníbal antes de morirse. Anciano, cascarrabia, taimado, bellaco y con muecas incomprensibles se hallaba este hombre en el zaguán de su casa. Vivía en el campo mas lejano de su ciudad, Don Aníbal. Nunca se acercó ni para comprar una migaja de pan a la ciudad. Odiaba las torres, los consumidores compulsivos, la gente soberbia que no tiraba ni una moneda a los vagos tuertos, empobrecidos y sucios. Amaba los pastos moviéndose por el soplido sosiego, por las brisas calientes que llegaban desde el Norte. Contemplaba el sol al levantarse por la mañana, que iluminaba su rostro arrugado y que lo hacía despertar. Adoraba ver a su perra Sonia correr por los campos exaltados, por los trigales del horizonte. Se sentaba en su zaguán, en una silla de mimbre, un pedazo de pastizal en su boca y se echaba a mirar el cielo. Sonia lo acompañaba hasta tal punto de despertarlo con un beso en las yemas decrepitas del anciano, cual pasas de uva.
Como ya dije su odio a la ciudad boicoteaba traer comida y muchísimas cosas mas que el anciano necesitaba. Un vecino, va... un vecino. El hijo de una familia campesina que se encontraba a metros y metros de la casa de Aníbal, hacía los mandados por el viejo. Matías, tomaba su bicicleta y andaba y andaba metros y metros. Al llegar a el zaguán de la casa del viejo, Aníbal lo esperaba con una lista de comida, cosas, elementos de limpieza, etc. Después se tomaba el colectivo en la primera parada que había cerca y tornaba su camino hacia la ciudad. Dejaba la bicicleta en un lugar que nunca nadie supo que existía, por eso es que nunca se la robaron.
-Buen día don, vengo por sus mandados.
-Que haces pibe, aca está. También agarra estas monedas para el colectivo.
-Nunca entendí por qué nunca va usted mi don.
-Por que todos los de la ciudad son unos pelotudos, descerebrados y ciegos.
-¿Ciegos?
-Si, ¿no me escuchas cuando hablo o tenes algo en la oreja?
-Escuché no hace falta su cagada de pedos.
-Entonces deja de preguntarme pelotudeces y comprame lo que te digo. Acá tenes la plata. Tomatelá.
-Váyase a la mierda. En unas horas vengo.

A las horas vuelve el niño y le deja las bolsas en el zaguán. No lo encontró al viejo en su silla de mimbre. Ni Sonia estaba por allí. El chico entró a la casa y tampoco había nadie. Echó un vistazo por las habitaciones, la cocina y el baño y tampoco estaba. Buscó un cuchillo por si había entrado alguien y tenía al anciano. Fue a los campos de atrás y por lo lejos se encontraba Sonia dando vueltas en círculos. Corrió hasta allí y Anibal se encontraba acostado sobre los trigales.
-¡Aníbal, Aníbal! Despiertese don.
Los gritos del niño eran absurdos. Le tocó el pecho y no había latidos. El viejo estaba pálido y con las manos retorcidas. Salió corriendo y en la carretera pasaba un auto. Lo frenó. Le pidió que llamase a una ambulancia y a la hora llegó la emergencia médica. Los médicos le tomaron la pulsación y no había. Don Aníbal había muerto. En su bolsillo se encontró una carta.
"Somos lo que somos. No existe un factor que se nos interponga ni experiencias sanas que conformen influencias en nuestros corazones. Solo una, un amor. Los ojos reflejan lo que el corazón, mudo, no puede decir. Los ojos son mudos, pero son espejos, algunas veces indeseables, que hablan. Lo que resta es el odio. Es corta la vida para el resentimiento continuo y doloroso. Aprendí a respetar las cosas que la vida me ha dado. Poco por cierto. Mi hijo es la idea de vivir. Mi idea es la de progresar. Mi odio es el morir, mi odio  es tropezar"

viernes, 20 de julio de 2012

Poema a la soledad


Las manos se sueltan y no es por hoy
No divago, nunca te mentí
Deberías ver tu sonrisa de ayer
No es la que habita por aquí
Sucio, amargo es mi dios
No hay ilusiones para continuar
Y aun que todo me recuerde a tu voz
Ya no hay intenciones ni para amar
Por contar hay muchas historias
No solo de nosotros dos
En una tristeza sin gloria
No encuentro motivos para enloquecer con vos
Ciegos, sordos hay como yo
Se esconden en su corazón
Y si a veces perdí la razón
Es por no quiero morirme sin tu calor
Los poetas se mueren en frialdad
Se callan y vuelven a mirar
He buscado en toda la ciudad
Alguien que al fin me pueda amar

jueves, 19 de julio de 2012

Tal vez nos veremos, nuevamente.

No hay mas nada que sostener, creo yo. Le dí la espalda a la cadena que me mantuvo por un largo tiempo. Era una raíz que me sostenía contra el suelo. Me liberé cuando decidí escaparme. Prefiero correr solo, andar solo. Tampoco quiero dar lástima, menos que eso. Quiero, por única vez, pensar en mí un poco. Y aunque me costó, me cueste o me costará, es una decisión que debo tomarla. Ya no quiero cansancio mental ni tampoco sentarme en mi cama, agarrarme la cabeza y preguntarme "¿qué me pasa?". Hoy en día me demuestro frágil. Tal vez en un tiempo me demuestre mas sólido y gracias a dios que el tiempo te enseña a vivir sin el dolor. No creo en la cicatrización, creo en la convivencia con la herida. Es bastante subjetivo, pero se vive mejor en los pensamientos subjetivos. La vida subjetiva. No subestimo al realismo, pero me inclino más por lo primero. El realismo se complementa con los subjetivo, así que vivo de ambos modos.
No se si quiero volver con vos, tampoco quiero ser el que persigue a un sentimiento pasado. Por eso quiero alejarme y olvidar todas esas cosas. No es resentimiento, solo me aclaro el panorama. Es preferible cerrar el corazón un poco y dejar volar a ciertas cosas.  Ojalá pueda en unos años acordarme de tu voz, no creo que sea muy difícil, pero quiero contemplar ese momento, por si te encuentras todavía en mí. Ojalá que sí, ojalá que no. No se si quiero. Pero si es que nos vemos, prefiero saludarte con un beso en la mejilla y guardarme las ganas del otro sabor.
Preferentemente decido que seas feliz. No me importa como, ni cuales son tus expectativas para lograrlo, pero si te llego a ver feliz sería de lo mejor. La tristeza se va, ¡la felicidad te espera en algún lugar!. Hasta nunca.

miércoles, 18 de julio de 2012

Hasta luego. Buenos días

Debe ser la última vez que te dedico unas palabras. No se más que decirte, tampoco hay mucho más para hablar. Ni más versos, ni más estrofas que formen un poema. Ni más párrafos, ni inicios ni desenlaces que formen nuestra historia. Lo que pasa es que si te sigo dedicando palabras, letras y muchas mas cosas, se irán
atrofiando con el tiempo. Se erosionan esas palabras. Tampoco quiero seguir revolviendo cosas. Y si es que las hay, prefiero que se empolven y después de un largo tiempo, soplar ese polvo y ver como antes era todo. Prefiero vagar por el recuerdo.
Hay muchas cosas que se pegaron en mí y no las voy a poder sacar nunca. Tampoco las quiero sacar. Se complementan con algo que diariamente le dicen "experiencias". Esas experiencias son como una barrera que no te dejan caer por el mismo error o por el mismo motivo de cual ya has caído. Vos me regalaste una experiencia. Una buena experiencia.
Solo tengo buenos momentos, aunque los malos sean recientes ya me los he olvidado. No creo que tengamos que seguir hablando, pero me aferras a vos con tan solo mirarme. Benedetti decía que si el corazón se aburre de querer... ¿Para que sirve?. Le puedo dar una simple respuesta: el corazón no se aburre de querer, se cansa de ser lastimado.
Estoy hablando como si ya tendría todas las experiencias de vida, pero no es así. Falta muchísimo, pero veo a mis alrededores y también me miro a mi y no termino de entender que es el "amor". Que palabra tan cursi: "amor".
No quiero descarrilarme con el tema. Como decía, estas son mis últimas palabras o unas de ellas. Te agradezco infinitamente lo que me diste: tus enseñas, tus muecas, tus sonrisas, tus lágrimas, tu suavidad, tu mirada. No volveré a ser cursi como en estos tiempos. Al poeta lo matan con frialdad.

domingo, 15 de julio de 2012

¿Y Patricio?

Que lindo era jugar con los chicos en la plaza que se encontraba por nuestro barrio. Fue en 1978. Tal vez Emilio me pasaba a buscar por mi casa y de ahí íbamos a buscar a Tomas, a Martín, a Julián, Germán y por último a Patricio.
Solíamos desde las tres de la tarde hasta las cinco, merendábamos y después volvíamos a nuestro juego, que era el fútbol. La pelota era de Patricio, así que si no estaba "Pato" agarrábamos una botellita de plástico. Pato era el mas compañero de todos. No era el más grande, pero nos hacía reír siempre. Capas no comía en todo el día, se compraba un alfajor y nos compartía aun que el se muriera de hambre. Eso no es ser magnánimo, es ser buena persona. Todos teníamos entre seis y siete años. Solo Tomas, se diferenciaba de nosotros. Era el hermano menor de Julian. Tenía cinco añitos. 
Hoy en día me doy cuenta que los militares, los tanques y los camiones que pasaban por la plaza no eran amigables. Solíamos pensar que estaban para protegernos de los fantasmas y miedos que teníamos todos. Pensábamos que eran "los protectores". El único que no pensaba eso era Pato. El desconfiaba de esos hombres armados con miradas muertas, negras y enceguecidas por el poder. Pero en fin, se acoplaba con nuestro pensamiento de vez en cuando. 
Una tarde nos comimos el miedo de nuestras vidas. Estábamos jugando como solíamos hacer y de pronto se escucha un sonido horripilante acompañado con un grito desgarrador. Julian agarró muy fuerte la mano de Tomas. Pato nos miró desconcertado mientras Emilio, Martín, Germán y yo lo miramos con la misma sensación. "Hay que ir a ver" dijo Martín entusiasmado con la estúpida idea de que "los protectores" hayan matado a un fantasma. Caminó rapidísimo para ver tal espectáculo para él. Pato le agarró del brazo y le gritó que no fuera para ese lado. De tan fusilante que fue el grito, Martín desprendió su brazo de la mano de Pato y se fue solo caminando, derecho para su casa. Germán , atónito, nos saludo atemorizado y se fue también a su casa. No nos dimos cuenta cuando Julian y Tomas se fueron. Emilio nos preguntó si nos podíamos ir pero de repente otro ruido se escuchó. Hoy en día puedo decir que fueron dos tiros. Salimos corriendo. Disparamos cada uno a su hogar. Me acuerdo que yo llegué temblando, se escuchó tan cerca el último. Estaba muy preocupado por Pato... el vivía para el lado donde se escucharon los dos tiros.
A la mañana siguiente nos reunimos directamente en la plaza. Pato vino, el temor se me había ido. Jugamos como cualquier tarde. Al otro día no volvió. Supusimos que era algo de la escuela. Al otro tampoco vino. Pero también como ingenuos supusimos que era por que había llegado tarde la otra vez y la mamá no lo dejaba salir. Pero después de tres días no volvió. Lo pasamos a buscar y nos abrió la madre llorando con una frase que nos desalmó. "No está Pato, se lo llevaron. Está desaparecido". Buscamos en todos lados. De vereda en vereda, de calle en calle. Se fue. No nos juntamos mas con los chicos. Sentíamos que no podíamos seguir más. Al terminar la dictadura, nos juntamos pero nunca más fue lo mismo. Sin Pato, no era nada.

sábado, 14 de julio de 2012

Carta de un hijo a un padre.

¿Cómo la estás pasando? Aquí estamos medianamente bien. José y Juan siguen viendo tu cuadro confusos y con ojos lagrimosos. Mamá casi todos los días hace tu comida favorita para cenar. Antes tenía el sabor a papa, arroz y carne. Ahora tiene los mismos ingredientes pero con una pisca de lágrimas.
Hoy en día en la mesa somos 4, pero ponemos un plato más en la punta donde te sentabas vos después de una larga jornada laboral. Hoy por ti come la silla. Vacía, sin un rastro de tu cara ni de tu sonrisa. Ya no hay nadie más quien me pida la sal. Eras vos el único que me la pedía.
De vez en cuando Juan me pregunta por vos y no se que decirle. Lo único que le puedo decir es que estas en un lugar mejor. A veces cuando se lo digo, siento tu mano en mi hombro aunque me dé vuelta y no estés. También cuando camino por la calle recuerdo cuando de niño me tomabas la mano y cruzábamos vereda en vereda. Mirábamos juntos cada vidriera con cosas que nos ilusionábamos tener. Nos obsesionábamos con simples cosas Era hermoso tenerte cerca y que me digas alguna cosita de más que me haga reír.
Quiero que sepas que me está yendo bien en la escuela. Recuerdo cuando me dijiste que si no aprobaba no me comprabas ese chupetín nuevo que aparecía en todas las propagandas. Y mira quien aprobó... sí yo. Pero no estas para que me compres ese chupetín. Tal vez puedas hacerme ese algodón rosado que vendían en los circos con un poco de nubes y enviármelo hasta aquí. No hace falta que este rico, solo quiero que me des tu último regalo. Añoro el día en que tus manos ya no me tocaron la frente para despertarme y que me acompañes al colegio. Capas estas llevando a algunos angelitos a la escuela. Siempre fuiste un fiel compañero.
¿Puede ser que estuviste en mi habitación ayer? había una luz y después desapareció pero sentí un hermoso calor sobre mi cuello. Juan dice que extrañas vernos dormir en un inmenso sosiego. Solemnemente le creí, pero debe ser una fantasía de niño. José dice que te olvidaste algo y que te lo llevaste. Mamá nos dijo que debe ser por que oliste el olor a guiso casero y quisiste comer un bocado. Por mi parte creo que viniste a estar por ultima vez en nuestra casa... el lugar donde tenes que estar.
Por ultimo quiero decirte que quiero que vuelvas. Por favor te lo digo. Te lo suplico. No es que sea egoísta, sé que estas mejor allí pero no puedo olvidarte papá. Me levanto sabiendo que no podré tocar tu cara, tu cabello. Tocarte la boca mientras sonreís. Darte la mano para que por ultima vez caminemos juntos y poderte decir lo cuanto que te quiero. A veces no recuerdo tu voz y me hace muy mal. Solo recuerdo muy poco, pero tu voz era encantadora, hermosa. No quiero exagerar, pero sos el mejor papá del mundo.
Quería decirte de algún modo todo esto, y como no estás... te envío esta carta. Sé que volverás como una luz a mi habitación y la leerás. Adiós papá.

                                                                   Besos de José, Juan, de Mamá y míos.

jueves, 12 de julio de 2012

Carta desde el pozo.


De vez en cuando me asfixio en una realidad que no tiene fin. Honesta mente me predispongo a escuchar un aire espeso, tenso, muy poco sofisticado y que encuentre sitios para vivir muy cerca de mí. Me acuerdo de cosas, no muy lejanas al presente, a meses de la reconciliación con el amor. Estuve peleado más de un año. Me arriesgué a caerme en un pozo sin fondo, oscuro, frívolo y desquiciado. También me arriesgue a volar para ver desde arriba lo hermoso, alegre, contento que estaba mi corazón al verme feliz. A cuentas de todo, me quedé con un poco de los dos. Del pozo y del alto vuelo. Del pozo ya tengo muchísimos recuerdos, del alto vuelo tan solo tengo unos pocos. El ultimo, visualiza una copia bizarra del amor. Del amor al odio.
No recuerdo muy bien cuando empezó esa especie de sensación dubitativa. Empecé un día a escalar el pozo hasta que llegué a lo ultimo. Fue hace unos meses atrás y fue una de las mejores cosas. Era algo que volvía a mi corriendo y estirando los brazos para darme un abrazo. Pasaron unos meses y ese abrazo cada vez fue con desgano. Recuerdo hermosas sonrisas que mas tarde se volverían en telones. Dientes con brillo que después se fue apagando cuando la boca se cerró. Los labios fueron mis fieles amigos que después se retorcieron y volvieron a ser mis peores enemigos. No los míos, los ajenos. También recuerdo ojos brillosos, húmedos, felices al verme venir. Ahora se entrecierran y las pupilas me ven con nostalgia. Mis ganas seguían saltando mientras que las suyas se sentaron sobre un sillón a esperar que otro corazón las levante. Volví a decirle "te quiero" en vez de "te amo" para poder sentir que la sigo sintiendo de ambos modos. Ya no me miro al espejo desde aquella partida y mi vuelta al pozo, por que mis ojos ya no me quieren ver. Sienten que fui yo el error por no lucharla ya en una batalla perdida. Tampoco me iba a atar en una especie de campo minado que nos amarraban a los dos. Ella sintió que debíamos rendirnos, yo seguí luchando contra la soledad con mi corazón ya erosionado.
Seguimos juntos, ella desde lo mas alto y yo escribiendo este tipo de carta al corazón en lo mas profundo del pozo.